Antes de atribuir cualquier tipo de efecto o propiedad al chocolate no debemos olvidar las que derivan de su composición esencial. El chocolate es un alimento rico en grasas y azúcares lo cual lo convierte automáticamente en un alimento energético.
Una tableta de chocolate contiene entre 500 y 550 Kcal por 100 g, mientras que entre el 56 y el 58% del mismo son hidratos de carbono, principalmente azúcares, y el 30% son grasas. Además, el chocolate contiene polifenoles, compuestos antioxidantes, como los flavanoles y epicatequinas. Gracias a ello, múltiples estudios le han atribuido funciones como la disminución de la presión sanguínea, mejoras en la resistencia a la insulina, disminución de la oxidación de colesterol LDL, beneficios en patología cardiovascular en general e incluso posible prevención frente a procesos tumorales. De todos modos, son necesarios más estudios para acabar de determinar los efectos exactos de este alimento.
El chocolate contiene además cantidades nada despreciables de minerales como el magnesio y el potasio. El magnesio interviene en la contracción y la relajación muscular, el funcionamiento de ciertas enzimas, la producción y el transporte de energía, etc. El potasio, por su parte, interviene en la regulación del equilibrio acido básico y en la actividad eléctrica cardíaca, es necesario para la formación muscular y actúa en el metabolismo de los hidratos de carbono.
Aparte de los componentes mencionados, el chocolate contiene otras sustancias, como la teobromina, de carácter estimulante similar a la cafeína. Este componente, ligado a otros factores como las características sensoriales del chocolate, su composición nutricional, etc. podrían explicar una ligera adicción en personas sensibles.

Existen infinidad de formas de presentación. En muchos casos es el claro protagonista, en crema de cacao, en salsa, en helado, en tableta, a la taza, en batido, en natillas, en bombones y preparaciones similares, en pastel y en bizcocho.... Si además pensamos en todos los productos en que comparte protagonismo con otros alimentos la lista llega a ser casi infinita: mermeladas, cereales del desayuno, galletas, bollería y pastelería, turrones, helados, crepes...
En resumen, el chocolate constituye una cultura en sí mismo, incluso rebasa los límites de la alimentación y se usa en tratamientos de belleza.
Además de estas 3 variedades podemos hablar de dos productos de gran uso:
Cristóbal Colón llevó cacao a los Reyes Católicos al volver de uno de sus viajes a América, pero el cacao no fue bien aceptado por su sabor amargo y picante y su aspecto sucio. Su consumo en España no empezó hasta que Hernán Cortés lo introdujo en la corte española, indicando que “cuando uno bebe cacao puede viajar toda la jornada sin cansarse y sin tener necesidad de alimentarse”.
El chocolate es un alimento esencialmente energético que de entrada puede convenir a personas con altas necesidades nutritivas. De todos modos, a dosis bajas (unos 10 g y preferentemente chocolate negro) puede formar parte de la dieta habitual de cualquier persona que no padezca patologías que lo impidan.
No se aconseja el consumo de chocolate:
El chocolate es un producto poco perecedero si hablamos de las tabletas, ya que contienen una proporción importante de azúcar y muy poca agua, factores que actúan como conservadores. Al comprarlo debemos comprobar la fecha de caducidad, la integridad del envase y si es posible hacer una inspección visual, comprobaremos la integridad de la estructura, que no se haya deshecho y vuelto a cuajar, y la ausencia de zona blanquecinas cubriendo la superficie. Esta coloración puede deberse a dos factores, uno de ellos es la humedad, que provoca que el azúcar salga a la superficie donde recristaliza (es lo que ocurre cuando conservamos el chocolate en la nevera). La otra causa suele ser que el chocolate en algún momento ha estado a una temperatura excesivamente alta y la manteca de cacao ha salido hacia la parte externa de la tableta, donde al enfriarse se cristaliza y da lugar a esa coloración más clara. Estas últimas alteraciones no suelen dar lugar a cambios en el sabor.
La conservación debe ser en lugar fresco, seco y protegido de la luz solar. Si la temperatura ambiente es muy alta se puede conservar en el frigorífico, dentro de un recipiente hermético.

Ingredientes:
1 sobre de levadura
3 huevos
1 vaso de
aceite de oliva
1 vaso de azúcar moreno
1,5
vasos de harina integral
2 cucharadas de
canela
1 tableta de chocolate negro o fondant
Preparación:
Rallamos media tableta de chocolate y reservamos
la otra mitad. Con ella y el resto de ingredientes
hacemos la masa, removiendo bien. Cuando esté homogénea
la colocamos en un molde y la introducimos en el horno
previamente precalentado. La dejamos cocer (el tiempo de
cocción puede oscilar pero se aconseja que el horno
mantenga una temperatura de 180ºC, preferiblemente con
ventilador, y estará cocido aproximadamente en 45-55
minutos). Una vez cocido deshacemos la media tableta de
chocolate al baño María y la utilizamos para cubrir el
bizcocho. Si mezclamos este chocolate con mantequilla la
cobertura quedará más flexible y brillante pero también
empeoraremos el perfil lipídico del bizcocho (la calidad nutricional).