Es una neoplasia relativamente rara, representando la quinta en orden de frecuencia dentro del aparato genital femenino. Su edad más frecuente de aparición es en la sexta-séptima década de la vida.
La variedad más frecuente del cáncer de vulva es la epidermoide o escamosa.
Se distinguen dos tipos:
Se han identificado como factores de riesgo para el cáncer de vulva:
El síntoma más frecuente es el prurito vulvar de larga evolución, de forma que si se presenta, sobre todo en mujeres de edad avanzada, obliga a descartar esta entidad. La localización más frecuente del cáncer vulvar es en los labios mayores, casi en la mitad de los casos.
El método diagnóstico de elección es la biopsia, y posterior estudio anatomopatológico.
La vía más frecuente de extensión del cáncer vulvar es la vía linfática, si bien las metástasis son raras y tardías. Las metástasis ganglionares son el factor que más influye en la supervivencia, con unas tasas globales de supervivencia del 50 % a los 5 años.
El tratamiento de elección es la vulvectomía radical con o sin linfadenectomía inguinofemoral bilateral (extirpación de la vulva y de los ganglios linfáticos afectados), siendo complementada en fases avanzadas con radioterapia externa. En estadios muy avanzados con metástasis se trata con quimioterapia y radioterapia combinadas.
Última actualización: del 2006
Natalia Pérez Romero.Médica Residente Urología.Hospital Clínico San Carlos.Madrid.