Cáncer colo-rectal
En Europa, el cáncer de colon es ya el tumor maligno más
frecuente cuando se cuentan ambos sexos, y en especial
en los ancianos. Además, es el segundo tipo de cáncer
que más se da entre las mujeres (después del de mama) y
el tercero entre los hombres (tras los de pulmón y próstata).
El cáncer de colon no sólo es el más habitual, sino
también el que tiene mayor mortalidad, por delante
incluso del cáncer de pulmón. Sin embargo,
paradójicamente, el cáncer de colon es uno de los más
tratables. Un diagnóstico precoz aumenta enormemente las
probabilidades de curación. Se calcula que, si se
detecta a tiempo, el cáncer de colon se puede curar en
un 90% de los casos.
El cáncer de colon se suele originar en pólipos o
“abultamientos” que aparecen en la capa más interna del
intestino grueso, la mucosa. Estos pólipos inicialmente
son benignos, tardan entre 10 y 15 años en crecer y sólo
un 5-10% se malignizan. No obstante, es conveniente
detectar cuanto antes y extirpar todo tipo de pólipo,
para evitar su riesgo potencial de convertirse en un cáncer.
El cáncer de colon afecta indistintamente a mujeres y a
hombres, aunque existen grupos de población
especialmente sensibles que tienen más probabilidades de
padecer la enfermedad:
- Mayores de 50 años. Con la edad, aumenta el riesgo
de aparición de pólipos en el colon. Es poco usual
que afecte a quienes no superan los 40 años.
- Personas con antecedentes personales y familiares de
cáncer de colon y/o pólipos. Si un familiar cercano
(abuelos, padres, hermanos…) ha padecido la
enfermedad, es posible que se haya transmitido por
vía genética. Igualmente, si ya se ha dado en la
persona la aparición de pólipos o cáncer, se
incrementa el riesgo de un nuevo tumor.
- Personas con enfermedades inflamatorias
intestinales, como colitis ulcerosa o enfermedad de
Crohn.
Otros factores de riesgo que se deben tener en cuenta y
que también pueden favorecer la aparición de pólipos y/o
tumores, son:
- Mala alimentación. El cáncer de colon con frecuencia
está asociado a dietas ricas en grasas animales
(carnes rojas) y pobres en fibra.
- Inactividad física. Llevar una vida sedentaria y no
realizar ninguna actividad física también aumenta el riesgo.
- Consumo de tabaco y/o alcohol. Ambos facilitan el
desarrollo de pólipos en la mucosa del colon, que
pueden ser los precursores del cáncer.
Los síntomas del cáncer de colon pueden variar en función
de su localización dentro del intestino grueso. En caso
de que aparezca alguno de ellos, se debe acudir lo antes
posible al médico para que realice el diagnóstico y
tratamiento necesario. Muchos de estos síntomas pueden
coincidir con los de otras enfermedades menos
importantes, como hemorroides, diarreas o trastornos
digestivos. Estos síntomas son:
- Sangre en las heces: es uno de los síntomas
más frecuentes del cáncer de colon. Puede tratarse
de sangre de tono rojizo o de sangre negra, que se
mezcla con las heces dando lugar a deposiciones de
color negro llamadas melenas (más frecuentes cuando
el tumor está en el colon ascendente). Tras cierto
tiempo de sangrado, y si no se acude al médico (o
bien si la pérdida de sangre es tan escasa que no se
observa a simple vista, oculta entre las heces)
suele aparecer una anemia que a su vez acarrea una
serie de síntomas como la sensación de falta de
aire, cansancio, palpitaciones, mareos…
- Cambio en el ritmo de las deposiciones:
aparece diarrea o estreñimiento (y, con
frecuencia, intercalados entre sí) en personas con
ritmo intestinal previo normal.
- Heces más estrechas, acintadas, generalmente
debidas a que el tumor está estrechando el intestino
y no permite el paso normal de las heces.
- Tenesmo o sensación de defecación incompleta;
suele aparecer en tumores localizados en el recto o
el tramo final del colon.
- Dolor abdominal: es frecuente, aunque por lo
general se trata de un dolor inespecífico. Cuando el
tumor cierra parcialmente el tubo intestinal se
produce un cuadro de dolor parecido al de un cólico.
Cuando el cierre es completo, se acompaña de
estreñimiento, vómitos y gran alteración del estado
general. También es posible el dolor originado por
perforación del intestino (pared debilitada por la tumoración).
- Cansancio extremo o pérdida de peso sin causa
aparente, pérdida de apetito; son síntomas
generales e inespecíficos que suelen darse en muchas
enfermedades, entre ellas los tumores.
El cáncer de colon es uno de los pocos cánceres que se
pueden diagnosticar precozmente, es decir, antes de que
la persona note algún síntoma. Para ello se utilizan
distintas pruebas. Sólo en el caso de que la primera sea
positiva, o si existen indicios claros de algún
problema, se utilizan otras para confirmarlo. Dichas
pruebas son:
- Test de sangre oculta en heces: es muy
sencillo e indoloro y sirve para detectar si existe
sangre en las heces. Lo realiza el propio paciente
en su domicilio. Se toma una muestra de heces
durante tres días consecutivos y se deposita en un
sobre especial que contiene varias tiras reactivas.
La lectura del test la realiza personal sanitario y
consiste en depositar unas gotas en las tiras y
observar si varían de color. En ese caso, el test es
positivo, es decir, que existe sangre en las
deposiciones, y se requieren estudios posteriores
para diagnosticar su origen (hemorroides, pólipo,
tumor maligno…).
- Análisis de sangre y orina: sirven para
conocer el estado general del paciente y detectar
complicaciones asociadas al proceso tumoral.
- Tacto rectal: el tacto rectal consiste en la
exploración digital del ano y parte del recto. El
médico se coloca un guante y emplea lubricante para
deslizar suavemente el dedo a través del ano y
explorar la zona, palpando las posibles alteraciones
existentes en las paredes del recto.
- Colonoscopia: con esta prueba se consigue
observar la mucosa de todo el colon y el recto a
través de un tubo largo y flexible (endoscopio) que
se introduce por el ano. En su extremo posee una luz
y una cámara que permiten ver en un monitor de
televisión cualquier alteración de la mucosa. Para
realizar esta prueba, la persona debe seguir una
dieta especial durante dos o tres días y antes de la
prueba emplear laxantes a fin de que el colon y el
recto estén limpios. En la actualidad, la
colonoscopia se realiza bajo sedación. Así el
paciente no siente dolor, está relajado y se evitan
las molestias producidas por la distensión del tubo
digestivo al introducir el endoscopio.
- Biopsia: si durante la colonoscopia el médico
observa una lesión sospechosa, procederá a extraer
una pequeña muestra de tejido, que deberá ser
analizada para poder confirmar o descartar la
existencia de un cáncer.
- Otras pruebas: si finalmente se diagnostica
cáncer de colon, se deben realizar otras pruebas
para saber si la enfermedad ha afectado a otros
órganos o sólo afecta al tubo digestivo, como
radiografía de tórax, ecografías y marcadores tumorales.
De interés
El tratamiento principal suele ser la extracción
quirúrgica, con la escisión de la zona afectada, que
puede ser el pólipo sólo o la sección de intestino
afectada. La reconstrucción variará dependiendo de la
localización (unión directa de ambos cabos, directa al
canal anal o colostomía a la pared abdominal).
En caso de extensión fuera del intestino (a ganglios de
la zona o a otros órganos a distancia, las metástasis),
pueden ser necesarios tratamientos complementarios como
la radioterapia o la quimioterapia.
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Dra. Montse Queralt
Especialista en Medicina de Familia y Geriatría
Médico Consultor de Advance Medical