Con el paso del tiempo también se producen transformaciones de los órganos y sistemas que forman el aparato urinario y genital y que se consideran propias de las personas mayores, sin ser patológicas.
En los cambios del sistema genitourinario hemos de
distinguir entre la función renal, la vía urinaria y el
aparato genital.

Los riñones son los órganos en los cuales se efectúa una parte importante de la “limpieza” de la sangre de las impurezas y desechos que genera el metabolismo. En términos sencillos puede decirse que los riñones se componen de unos “filtros” a través de los cuales la sangre se depura al pasar.
Sin embargo, la función renal es mucho más compleja, ya
que desempeña un trabajo de secreción hormonal y de
regulación muy importante.
Con el paso del tiempo
los riñones pierden nefronas (los “filtros” por los que
la sangre circula para limpiarse) y el flujo sanguíneo
renal disminuye, así que tienen más dificultades para
realizar su trabajo de depuración de la sangre para
eliminar los productos de desecho y manejar el
equilibrio de los líquidos corporales. También hay una
disminución de la producción de las hormonas que secreta
el riñón y que son importantes para el control de la
producción de glóbulos rojos y el resto del control del
medio interno (agua, sales minerales, etc.)
Todos estos cambios hacen que la función renal sea lábil
y que pueda verse alterada fácilmente ante cualquier
agresión, de manera que el manejo de fármacos que se
eliminan por esta vía sea más complicado.
El producto de la depuración de la sangre a través de los riñones es la orina, que a través de conductos, los uréteres, llegan a un reservorio que la almacena, la vejiga, y desde la cual se elimina al exterior a través de la uretra. Todas estas estructuras forman la vía urinaria.
Los principales cambios se centran en la vejiga, que pierde elasticidad y además la musculatura se debilita, lo que hace más difícil su control, hecho que comporta problemas como la incontinencia urinaria. Éstos se agravan por alteraciones neurológicas del control del reflejo consciente de la micción.

El paso del tiempo se hace sentir de diferente manera en mujeres y en hombres.
En las primeras la menopausia, con la supresión del ciclo menstrual y la severa disminución de hormonas femeninas (estrógenos y progesterona), produce una atrofia de los órganos reproductores, es decir, los ovarios, el útero y las trompas de Falopio disminuyen de tamaño. Asimismo, los labios mayores y menores de la vulva se atrofian, la vagina se vuelve más corta y menos elástica, disminuyen sus secreciones y la lubrificación previa al acto sexual, lo que hace que coito pueda ser doloroso y que las infecciones genitales y urinarias sean más frecuentes.
En los varones, aunque hay una disminución de la producción de testosterona, la hormona masculina, nunca es tan drástico como en las mujeres. En ellos se puede apreciar una cierta disminución del tamaño de los testículos, la erección suele ser más lenta y menos consistente y presentan un retraso de la eyaculación, que suele ser de menor volumen. No obstante, el efecto más importante del envejecimiento en el aparato reproductor masculino es el aumento de tamaño de la próstata. Dado que por su interior transcurre una porción de la uretra a la salida de la vejiga urinaria, la micción puede verse dificultada.