Durante los tres trimestres en los que se divide el embarazo pueden establecerse una serie de cambios emocionales, sin grandes distinciones en los periodos, el principal, es el estrés, pero pueden notarse otras series de alteraciones que serán, comentadas a continuación.
Te sentirás emocionalmente muy sensible, fácilmente te pondrás alegre o triste y en ocasiones no podrás comprender por qué te encuentras deprimida.
Es probable que al principio del embarazo te angusties y sientas miedo al pensar en la posibilidad de perder al bebé o por los malestares comunes de la gestación. Al final del embarazo te puede atemorizar la idea de anormalidades físicas en tu bebé, el que nazca antes de tiempo, el que no respire o llore al nacer, el no ser capaz de ser una buena madre, el cometer errores imperdonables como dejar caer al pequeño, el no poder enfrentar la tarea diaria de atenderlo y el dolor de parto.
Todos estos temores son frecuentes, no eres la única que se siente así, afortunadamente estos momentos son los menos ya que la mayor parte del tiempo te sentirás tranquila y con sensación de plenitud y orgullo. Ser madre lo trae consigo.
Es posible que experimentes confusión de sentimientos con respecto a tu embarazo, a tu capacidad de sobrellevarlo y a poder manejar adecuadamente las necesidades del futuro recién nacido. Puedes tener sentimientos de culpa al no aceptar el embarazo desde su inicio, porque éste te impide continuar con tu ritmo de vida, porque tú o tu pareja no desean un hijo en este momento o porque ya tienen muchos. Es importante que sepas que es un sentimiento completamente normal; el embarazo es un gran cambio y como tal genera miedo. Superarás este sentimiento a medida que avance el embarazo y al aceptar lo especial de este evento.
El embarazo es una etapa especial de la vida para la mujer y su familia. Es una época de muchos cambios: en el cuerpo de la mujer embarazada, en sus emociones y en la vida familiar. Aunque estos cambios ocurren por un motivo feliz, a menudo representan un mayor estrés en la vida de las mujeres embarazadas activas que ya enfrentan muchas exigencias en su casa y en su trabajo.
Sin embargo, el estrés no es completamente negativo. Cuando se maneja adecuadamente, el estrés puede proporcionarnos la fuerza necesaria para enfrentar nuevos desafíos. Es probable que la mujer embarazada (o cualquier otra persona) que siente que sabe manejar bien su estrés (que se cuida, que siente energía en lugar de cansancio y que funciona bien en casa y el trabajo) no se exponga a riesgos de salud a causa de su estrés.
Sin embargo, cuando el estrés físico o emocional se acumula y alcanza niveles excesivos, puede ser perjudicial para la mujer embarazada. Los efectos a corto plazo del exceso de estrés incluyen fatiga, insomnio, ansiedad, poco o demasiado apetito y dolores de cabeza y de espalda. El sufrir mucho estrés durante un período de tiempo prolongado puede contribuir a provocar problemas de salud potencialmente graves, como una menor resistencia a las enfermedades infecciosas, alta presión arterial y enfermedades cardíacas. Los estudios también sugieren que los niveles elevados de estrés pueden suponer riesgos especiales durante el embarazo.
La buena noticia es que para la mayoría de las mujeres el estrés no suele causar problemas durante el embarazo. Las mujeres embarazadas a las que les preocupe el nivel de estrés en su vida y su capacidad para manejarlo, deberían hablarlo con su médico. El podrá indicarle cuáles son los recursos de la comunidad a los que puede recurrir y enseñarles medidas simples y efectivas para ayudarla a reducir manejar el estrés físico y emocional.
Las molestias propias del embarazo (como las náuseas, el cansancio, la necesidad frecuente de orinar, la hinchazón y los dolores de espalda) pueden generar estrés, especialmente si la mujer embarazada trata de hacer todo lo que hacía antes del embarazo. Para ayudar a reducir el estrés, la mujer debe darse cuenta de que estos síntomas son temporales y que su médico puede recomendarle formas de controlarlos. También puede considerar la posibilidad de abandonar algunas actividades innecesarias cuando se sienta molesta.
La inestabilidad emocional propia del embarazo puede ser atribuida en parte a los cambios hormonales experimentados por la mujer embarazada. Esta inestabilidad emocional es común y normal, por lo que no es necesario preocuparse demasiado por ella. Sin embargo, debe tener en cuenta que a veces esta inestabilidad puede dificultarle la tarea de controlar su estrés.
Además, muchas mujeres embarazadas y sus compañeros se preocupan por la salud del bebé, por si podrán sobrellevar el parto y por su capacidad para ser buenos padres. Las dificultades económicas adicionales a menudo son otro factor de estrés, especialmente si los padres piensan que sus ingresos se verán reducidos durante un período breve o prolongado, después de que nazca el bebé. Todas estas preocupaciones se pueden intensificar considerablemente si se trata de un embarazo de alto riesgo, en el que la mujer embarazada debe reducir de forma significativa sus actividades, y, en algunos casos, dejar de trabajar antes de lo previsto.
Varios estudios sugieren que el exceso de estrés puede aumentar el riesgo de parto prematuro y de que el bebé nazca con bajo peso. Un estudio de 1999 de la Facultad de Medicina de la University of California en Los Angeles descubrió que las mujeres que presentan un alto nivel de estrés dentro de las semanas 18 a 20 del embarazo tienen mayores probabilidades de presentar altas concentraciones de una hormona llamada hormona liberadora de corticotropina en la sangre. Éste y otros estudios han encontrado una posible relación entre los altos niveles de esta hormona y el parto prematuro.
La hormona liberadora de corticotropina, producida por el cerebro y por la placenta, se encuentra estrechamente relacionada con el trabajo de parto. Hace que el organismo libere sustancias químicas llamadas prostaglandinas, que a su vez producen las contracciones uterinas. Asimismo, es la primera hormona que secreta el cerebro cuando estamos sometidos a estrés. Los investigadores siguen analizando la posibilidad de que las mujeres que tengan exceso de estrés al principio del embarazo presenten niveles elevados de la hormona liberadora de corticotropina, lo cual adelanta el reloj biológico de la placenta y se activa el parto antes de tiempo. Otro estudio reciente sugiere que el momento en que se produce el estrés durante el embarazo puede influir en su desenlace. Investigadores de la University of California en Irvine descubrieron que si la mujer embarazada pasa por una experiencia muy estresante (en este estudio esta experiencia fue un terremoto), cuanto más pronto en el embarazo ocurra esta experiencia, más puede adelantarse el parto. Los investigadores suponen que la mujer se vuelve menos sensible al estrés a medida que avanza el embarazo, lo que ayuda a proteger al bebé contra los efectos adversos del estrés.
Los bebés que nacen prematuramente con mucha frecuencia presentan un peso inferior al normal. Sin embargo, los estudios sugieren que los hijos de mujeres que sufren altos niveles de estrés y ansiedad tienen mayores probabilidades de tener bajo peso, aunque nazcan en término. Algunas hormonas relacionadas con el estrés (como la norepinefrina) pueden restringir el flujo sanguíneo hacia la placenta, de manera que es posible que el bebé no reciba los nutrientes y el oxígeno que necesita para su crecimiento óptimo.
El estrés también puede causar efectos adversos en forma indirecta al afectar el comportamiento de la mujer embarazada. Por ejemplo, las mujeres que experimentan niveles elevados de estrés pueden abandonar sus buenos hábitos de salud. Es posible que se salten las comidas o no consuman alimentos saludables, o que reaccionen ante el estrés recurriendo al tabaco, el alcohol o las drogas ilegales, factores que se relacionan con el bajo peso al nacer en los bebés. El uso de alcohol y de ciertas drogas ilegales también incrementa el riesgo de defectos de nacimiento. Los estudios también sugieren que los niveles elevados de estrés pueden contribuir a otras complicaciones del embarazo. Algunos estudios sugieren que las mujeres que tienen empleos estresantes tienen probabilidades levemente mayores de desarrollar preeclampsia, un trastorno relacionado con el embarazo que incluye hipertensión y que puede producir el crecimiento insuficiente del feto y otros problemas. También se cree que el exceso de estrés puede aumentar el riesgo de sufrir un aborto espontáneo. Los estudios realizados hasta la fecha sugieren que estos riesgos, si existen, probablemente sean reducidos para la mayoría de las mujeres
Última actualización: del 2006
Natalia Pérez Romero.Médica Residente Urología.Hospital Clínico San Carlos.Madrid.