
Todas las células presentan cambios con el envejecimiento y por extensión también los tejidos y órganos, ya que éstas los forman

El sistema esquelético lo componen los huesos, que confieren un punto de apoyo a los músculos, así como protección a órganos vitales (por ejemplo, el cráneo protege al cerebro, y las articulaciones, las uniones entre los huesos.

En las personas mayores es frecuente ver también una disminución de la capacidad de reacción del tiroides, de manera que al organismo le es más difícil compensar las necesidades del cambio de ritmo metabólico.

Cambios en la composición corporal: músculos, agua y grasa
Unos de los cambios típicos de las personas mayores son los que ocurren a nivel de la masa muscular, la grasa y el agua corporal. A pesar de ser de los más importantes son los que menos se perciben.

Las personas mayores también padecen cambios en la anatomía y en la función del aparato respiratorio que tienen grandes implicaciones en el estado de los ancianos.

En las personas mayores hay cambios en el corazón y los vasos sanguíneos secundarios al envejecimiento y a las adaptaciones a éste.

El envejecimiento de la piel es el cambio más evidente del paso del tiempo, de manera que la imagen que tenemos de las personas mayores es en general con canas y arrugas.

Las personas mayores presentan cambios debidos al paso del tiempo en todos los tejidos y órganos del aparato digestivo, de la boca hasta el intestino grueso

El sistema nervioso también acusa el paso del tiempo, pues disminuye el número de neuronas y aumentan las células de soporte y conectivas, que no tienen actividad neuronal.

Los riñones son los órganos en los cuales se efectúa una parte importante de la “limpieza” de la sangre de las impurezas y desechos que genera el metabolismo. En términos sencillos puede decirse que los riñones se componen de unos “filtros” a través de los cuales la sangre se depura al pasar.