
Es un movimiento anormal de los músculos masticatorios (que ayudan a masticar); es el hábito de apretar y rechinar los dientes. Este movimiento puede ser inconsciente o consciente; aparece típicamente por la noche, aunque hay niños que lo presentan durante el día. Si el bruxismo es nocturno es un movimiento inconsciente.
Existen diferentes tipos de bruxismo:
En los niños es frecuente que aparezca el bruxismo
durante la dentición de leche y el periodo de cambio de
dientes de leche y dientes definitivos.
Existen
varias teorías sobre la causa del bruxismo pero parece
ser que el factor predisponente más frecuente es el
contacto anómalo entre dientes de la arcada superior e
inferior. Los factores desencadenantes del bruxismo son
principalmente: estrés, el tipo de dentadura y la
posición durante el sueño.
Parece ser que los aspectos emocionales o psicológicos
influyen de manera importante en la aparición de
bruxismo, sobre todo, el estrés y la ansiedad.

El bruxismo nocturno es producido por la contracción rítmica, repetitiva y violenta de los músculos de la masticación (los maseteros) dando como resultado un rechinamiento audible para los padres. El bruxismo en más intenso en las primeras fases del sueño y cesa cuando el sueño es más profundo.
El rechinar de dientes produce un desgaste dental y, en casos muy extremos, fracturas dentales. En los niños el bruxismo no suele ocasionar más problemas, pero en los adolescentes o adultos puede causar dolor en la articulación témporo-mandibular y en los músculos de la cara y del cuello.
El desgaste del diente provocado por el bruxismo produce
la pérdida del esmalte y la exposición de la dentina en
la superficie. Esto puede generar un aumento de la
sensibilidad dental a los alimentos fríos o muy
calientes.
El bruxismo, al ser un acto involuntario, no se puede prevenir.
El tratamiento se basa en diferentes aspectos:
En los niños desaparece con el tiempo, aunque algunas
personas pueden padecerlo hasta la vida adulta.