
En la actualidad disponemos de numerosas exploraciones no invasivas, como por ejemplo determinaciones analíticas, radiografías, ecografías, tomografías o resonancias magnéticas. A pesar de ello, en determinadas situaciones es necesario recurrir al estudio microscópico de los tejidos dañados. Es el caso de las lesiones que se asientan en el hígado, en las que para llegar a determinar su diagnóstico, tratamiento, pronóstico y seguimiento puede llegar a ser indispensable el estudio microscópico.
Se denomina biopsia hepática al método por el que se
realiza la extracción de una muestra de tejido hepático
para su estudio microscópico.
Hay varios
procedimientos para la obtención de la biopsia hepática:
En los diferentes procedimientos de toma de biopsia es preferible una hospitalización corta, salvo en el caso de la punción con aguja fina en el que la prueba puede realizarse ambulatoriamente.
Para la biopsia percutánea y la PAAF suele utilizarse un ecógrafo o una tomografía axial, que permiten seleccionar el lugar exacto de punción. El paciente debe colocarse en la camilla de exploraciones sobre el lado izquierdo. Si la biopsia se lleva a cabo a través de la pared abdominal, deberá acostarse boca arriba con la mano derecha bajo la cabeza y es importante permanecer lo más quieto posible. Se puede administrar medicación sedante y analgésica vía oral o endovenosa. Luego se limpia la piel y se inyecta un anestésico local con una pequeña aguja. Se hace una pequeña incisión y se inserta la aguja de biopsia. Durante el procedimiento el médico puede guiar la punción con un ecógrafo. El paciente debe contener la respiración mientras se toma la biopsia, con el fin de reducir la posibilidad de perforar el pulmón o de desgarrar el hígado.
En la biopsia transyugular el procedimiento se realiza insertando un catéter en la vena yugular. El paciente debe acostarse sobre una mesa boca arriba. Se localiza la vena yugular interna derecha del cuello, se limpia la piel y se utiliza una pequeña aguja para inyectar un anestésico local. Luego, se introduce una aguja para pasar un catéter a través de las venas hasta llegar al hígado. Gracias a un equipo de rayos X, denominado fluoroscopio, se verifica la ubicación del catéter. Posteriormente, se introduce una aguja especial a través del catéter para obtener la muestra de tejido.

Es imprescindible que el paciente esté en ayunas. Deberá disponer de unas pruebas de coagulación recientes, que pueden haber sido solicitadas con anterioridad o bien en el momento del ingreso con carácter urgente.
Cualquier tratamiento que realice el paciente debe ponerse en conocimiento del médico. Para disminuir el riesgo de hemorragia se recomienda que los pacientes suspendan el consumo de aspirina o cualquier otro antiinflamatorio durante la semana previa al procedimiento.
Cuando se inyecte el anestésico es frecuente notar una sensación de ardor o dolor urente. La aguja de la biopsia se puede sentir como una presión profunda y un dolor sordo. En algunas personas el dolor puede irradiarse y percibirse en el hombro. Tras el procedimiento puede persistir un dolor leve o moderado, tanto en el costado derecho como en el hombro derecho, que puede suele ser fácilmente controlado con analgésicos.
Es el caso de la biopsia hepática percutánea es recomendable permanecer 24 horas estirado, de lado, sobre la zona de punción, para facilitar la hemostasia y evitar el sangrado.
Se considera una prueba relativamente segura que en manos experimentadas tiene un riesgo muy bajo de complicaciones. Aunque al tratarse de una prueba diagnóstica invasiva no está exenta de riesgos. La complicación más importante es la hemorragia, que ocurre en menos del 1% de los casos. Se ve con mayor frecuencia en personas con problemas de coagulación y en enfermos de cáncer. Otras complicaciones excepcionales son el neumotórax, la punción de otros órganos (vesícula, riñón, pulmón), la peritonitis y el shock séptico.
La biopsia hepática percutánea se contraindica en pacientes no colaboradores, con sospecha de quistes hepáticos hidatídicos, con alteraciones graves de la coagulación o probabilidad de tumores hepáticos vasculares. En estos últimos dos casos puede considerarse el uso de la biopsia transyugular que disminuye el riesgo de sangrado. En pacientes con obesidad mórbida o con la presencia de abundante de líquido intrabdominal (ascitis) también es preferible el uso de la biopsia transyugular.
La biopsia ayuda a diagnosticar numerosas enfermedades hepáticas. Puede indicarse para completar el estudio de un hallazgo analítico que traduzca un problema hepático. Será la biopsia hepática la que determinará si la causa de esta alteración es un proceso toxicológico, infeccioso, tumoral, congénito o autoinmune. El procedimiento es de especial interés para evaluar la etapa de la enfermedad hepática. Esto es especialmente importante en los casos de infección crónica por el virus de la hepatitis C y en la hepatopatía alcohólica.