Una vez que el recién nacido sale por el canal del parto comienza su adaptación a un nuevo medio. Suele tener líquido y mucosidad en la boca y el estómago, especialmente si ha nacido por cesárea. Si nada más nacer se le inclina cabeza abajo, la gravedad facilitará la salida del líquido. En ocasiones habrá que aspirar ese líquido mediante una sonda.
El cordón se corta por un punto que quede entre las dos pinzas que se colocan en él para que cese el flujo de sangre. La pinza del extremo más próximo al abdomen del recién nacido es la que se conservará hasta que se caiga el cordón.
Se procura colocar al niño recién parido sobre su madre, es el "piel a piel", muy positivo para ambos: despierta innegables sensaciones placenteras en la madre y la piel del niño se coloniza con la flora de la materna, ante la cual está protegido. Inmediatamente después se traslada al niño a una mesa térmica donde se le seca (insistiendo en la cabeza, por donde pierde más calor), se le aspira la boca y la nariz (esta maniobra no siempre es necesaria) y se evalúa su estado mediante el test de Apgar. Este test consiste en adjudicar una puntuación que valora distintas características del bebé al minuto, a los 5 minutos y a los 10 minutos de vida. No predice el desarrollo neurológico, pero sí la necesidad de reanimación y lo satisfactorio de sus resultados.
El cordón se cubre con un tinte con propiedades antisépticas.
Si todo continúa normal, a continuación se pesa y talla al bebé. La longitud del recién nacido a veces se mide al alta, cuando el edema es menor y el niño se encuentra más tranquilo.
Por último, se aplica un colirio o una pomada antibiótica en los ojos del recién nacido (para prevenir la conjuntivitis neonatal) y se le administran dos inyecciones: la vacuna de la hepatitis B y 1 miligramo de vitamina K (previene la enfermedad hemorrágica del recién nacido).
Es esencial su correcta alimentación y su aseo diario. Las tomas se realizan cada 3 ó 4 horas, siendo necesario despertarlo por las noches para que lacte.
El bebé requiere un baño diario desde el primer día de vida, el que el cordón no se haya caído no interfiere, de hecho el ombligo debe lavarse con agua y jabón en el baño diario y en cada cambio de pañal. Se usará jabón neutro y una esponja y el agua debe estar a una temperatura aproximada de 34ºC. Es muy importante limpiar bien los genitales para que no queden restos fecales, ni de otro tipo, que pueden favorecer las infecciones. En las niñas se limpiarán los genitales de dentro hacia fuera y de delante hacia atrás. En los niños no es necesario retraer el prepucio. Ha de comprobarse con frecuencia que el pañal está limpio y cambiarlo en cuanto se ensucie, así evitaremos las molestas dermatitis del pañal y se calmará el llanto del bebé.
Las uñas se cortan cuando sobresalen mediante una tijera de punta roma y haciendo un corte recto. Si las uñas están resquebrajadas, pero no suficientemente largas como para cortarlas, se colocarán guantes en sus manos para evitar que se arañe.
No se debe abrigar en exceso al bebé, pero tampoco exponerlo a corrientes de aire. La ropa se lava con jabones neutros y sin suavizantes para evitar que la delicada piel del recién nacido se irrite. Debe recibir luz solar indirectamente para favorecer que no se ponga ictérico (coloración amarillenta de la piel por acúmulo de bilirrubina)
Todo aquel que coja al niño debe tener limpias las manos. Se evitará el contacto con personas enfermas y el que se fume en presencia del niño.
Las posiciones en que se colocará al bebé para dormir son boca arriba y de lado, nunca boca abajo, postura relacionada con el síndrome de muerte súbita del lactante.
El chupete debe cambiarse con regularidad, lavarse si se cae y hervirlo con frecuencia. En los amamantados puede interferir con la lactancia materna, sobre todo en los primeros días de vida.
El primer examen al que se somete al recién nacido tiene lugar en el paritorio, tal y como se ha descrito en el epígrafe correspondiente.
A continuación, dentro de las primeras 24 horas de vida y, en el segundo día, previo al alta, el pediatra lo reevalúa. Prestará atención a la coloración de su piel y su aspecto general, lo auscultará, palpará su abdomen e inspeccionará su cordón umbilical, observará sus genitales y ano, moverá sus caderas y palpará sus clavículas. Comprobará la integridad de su paladar, la ausencia de anomalías faciales o auriculares y la presencia de unas fontanelas normales en tamaño y tensión. Por último, comprobará la existencia de los reflejos arcaicos, los cuales, meses después, irán desapareciendo. Si a lo largo de estos dos días se aprecia alguna anomalía se iniciarán los estudios oportunos.
Última actualización: del 2006
Marta Bueno Barriocanal.