
Las personas de la tercera edad son un grupo especial de pacientes que reciben cirugía y cuidados de anestesia con mayor frecuencia dado el incremento paulatino de la esperanza de vida en las últimas décadas.
La anestesiología ha de entender los cambios fisiológicos y psicológicos de las personas mayores, así como las enfermedades habituales en este grupo de pacientes, para estar en situación de brindarles un cuidado profesional adecuado y con ello minimizar las complicaciones. Si bien en la actualidad no existen estándares de manejo anestesiológico para los ancianos, es conveniente conocer las ventajas y desventajas que ofrecen las técnicas de anestesia general y regional y así poder establecer un plan de manejo basado en evidencias.
Los cambios en los sistemas respiratorio, cardiovascular, renal, hepático, neuronal y en el balance hidroelectrolítico hacen que la respuesta al estrés quirúrgico y la respuesta a los fármacos y sus interacciones sean diferentes a las conocidas en adultos más jóvenes.

La anestesia regional parece ofrecer algunas ventajas sobre las técnicas generales, como son la menor incidencia de trombosis venosa y tromboembolismo pulmonar, menos complicaciones pulmonares y menor incidencia del síndrome confusional postquirúrgico, así como una estancia hospitalaria más corta. Sin embargo, la hipotensión arterial es más frecuente en los bloqueos neuroaxiales debido a los cambios en el sistema nervioso autónomo y a una reducida respuesta vascular periférica.
En los ancianos con enfermedad cardiovascular avanzada que son sometidos a cirugía mayor es más fácil establecer un manejo cardiovascular cuando se utiliza anestesia general. Algunos procedimientos, como la cirugía ocular o las hernias inguinales, se pueden realizar con anestesia local, así como la cirugía de extremidades puede llevarse a cabo con bloqueos periféricos.
El cuidado óptimo posanestésico, así como la analgesia
postoperatoria, son tan importantes como el manejo
anestesiológico del mismo acto quirúrgico.