Los dientes son quizás los elementos más característicos de la boca, pues son estructuras únicas.
La dentición completa en el adulto consta de 32 dientes y en el niño varía según el estado de la dentición, pero la dentición de leche consta de 20 dientes.
Los dientes se constituyen formando arcos o arcadas: Superior e inferior. Las arcadas superior e inferior están coordinadas para una buena función, tanto en anchura (sentido transversal), como en sentido antero-posterior y vertical.
Hay varios tipos de dientes, según la función que realizan prevalentemente en la masticación. Esta función va asociada a una morfología determinada. Popularmente se distingue entre dientes y muelas para hablar de dientes anteriores y posteriores respectivamente, pero debido a que esta denominación es algo confusa nos referiremos siempre a dientes (en general) tanto para los situados en la parte frontal como en la parte posterior de la boca. Así pues, tenemos:
Incisivos: Son los dientes anteriores. Son dientes alargados y planos, con bordes cortantes, como aristas, llamados bordes incisales. Algunas veces estos bordes tienen formas lobuladas, sobre todo en dientes muy jóvenes: Estos lóbulos son normales e inicialmente todos los incisivos los presentan, pero con el uso se van aplanando y desaparecen. Los incisivos sirven para cortar los alimentos. También son muy importantes para la formación de sonidos al hablar (fonación) y en el plano estético, pues son los dientes que más se ven.
Caninos (colmillos): Son dientes también alargados pero de contorno más redondeado y con borde no en arista sino en vértice más o menos agudo. Se sitúan en el arco dentario dentro de la zona de mayor curvatura, a continuación de los incisivos. Son dientes muy importantes en la boca. En la masticación nos sirven para desgarrar los alimentos. Son dientes muy potentes, y por su situación estratégica dentro del arco dentario y su forma, sirven a modo de postes que delimitan y hacen de guía para los movimientos mandibulares. También tienen una función simbólica y estética, pues su forma más o menos afilada o roma pueden sugerirnos caracteres más agresivos o apacibles, respectivamente.
Premolares o bicúspides: Se encuentran por detrás de los caninos en el arco dentario, y son dientes parecidos a éstos morfológicamente, pero son algo más cortos y en vez de terminar en un solo "pico", su parte masticante esta compuesta por dos vértices o cúspides (de ahí la denominación bicúspide). Entre las dos cúspides existe un surco, que puede ser más o menos profundo. Son dientes de transición entre los caninos desgarradores y los molares trituradores, y su función es, pues, mixta.
Molares: Son los dientes más posteriores en las arcadas dentarias. Son dientes voluminosos y de contornos más redondeados. En ellos no prevalece tanto la altura, sino más bien su tamaño antero-posterior y su anchura. Su parte masticatonia tiene una función triturante, y está constituida por varias cúspides a modo de montañas delimitadas por "valles lineales" que son los surcos dentarios. Al igual que ocurre con las de los premolares, estas cúspides y valles deben relacionar molares superiores e inferiores en un buen engranaje.
Todos y cada uno de los dientes presentan dos partes bien diferenciadas, que son:
Corona: Es la parte visible del diente, pues es la parte del diente que erupciona y aparece en la boca en un determinado estadio del crecimiento. La apreciamos como de color blanquecino marfil, aunque la tonalidad de los dientes no es uniforme a lo largo de la corona y depende mucho de otras características y de la forma de luz que incida sobre ellos. Así, es normal encontrar dentro de una misma corona tonos más amarillentos y pardos por ejemplo cerca de la encía, y más azulados y grisáceos en la zona del borde incisal. La superficie de las coronas es bastante lisa.
La parte de la corona que está más pegada a la encía se llama cuello, y es una zona de transición con la raíz del diente.
Raíz (o raíces): Es la parte del diente que generalmente no vemos, pues está incluida en el hueso ya que precisamente sirve para anclar el diente. Algunos dientes tienen una sola raíz pero otros tienen varias. Las raíces tienden a tener una forma cónica y alargada. Las terminaciones de las raíces (que son el final del diente también) se llaman ápices. La fijación al hueso y a la encía se realiza mediante fibras de un tejido muy especializado llamado ligamento periodontal, y la superficie del diente en la zona radicular es más rugosa, precisamente para alojar esas fibras.
Si seccionáramos un diente podríamos ver que no es una estructura totalmente compacta y que se pueden diferenciar varias capas en él, correspondientes con diferentes tejidos. Veamos las capas del diente
Esmalte: Es la capa más externa del diente a nivel de la corona, y la más dura. Así, al formar parte de la corona, es el tejido que podemos ver y palpar, al mirar y tocar nuestros dientes. El esmalte es el tejido más duro del organismo humano, ya que tiene un gran componente inorgánico (minerales) que se estructura formando cristales. Su superficie es bastante lisa, lo que hace que los dientes al tocarlos se noten suaves (siempre que estén bien limpios). Es una capa incolora y prácticamente transparente, con lo cual, el color del diente vendrá determinado sobre todo por el color de la siguiente capa en profundidad del diente. El espesor medio del esmalte es de unos 2 milímetros.
Cemento: Es la capa más externa del diente al nivel de la raíz. Es una capa fina (bastante menos gruesa que el esmalte) cuya función es integrar fibras del ligamento periodontal, que es el que procura el anclaje del diente al hueso. Se podría decir que tiene una superficie rugosa, pues viene marcada por esas fibras que en ella se insertan. Su componente mineral supone el 50% del tejido, y el resto es agua y sustancias orgánicas (proteínas sobre todo). Su color es amarillento marronáceo.
Dentina: Es la capa que queda inmediatamente recubierta por el esmalte en la corona del diente, y por cemento en la raíz. Tiene un color principal blanco amarillento, algo variable entre una gama del marrón rojizo al gris azulado. Es un tejido menos duro que el esmalte y con mayor componente orgánico (y menor componente mineral), pero al mismo tiempo es menos quebradizo que aquél. Sin embargo es bastante más duro y resistente que el cemento, y con mayor componente mineral. Al microscopio, presenta unas estructuras en toda su extensión, los túbulos dentinarios, que son unos conductillos muy estrechos que van desde el esmalte (y desde el cemento, en la raíz) hacia la siguiente capa en profundidad del diente (la más profunda), y que tienen un papel importante en el fenómeno de sensibilidad dentaria (también llamada sensibilidad dentinaria).
Pulpa: La pulpa es la capa más profunda del diente. Constituye la parte blanda del diente. Realmente está formada por un tejido principal propio (el tejido mixoide), que está acompañado de gran cantidad de vasos sanguíneos y de terminaciones nerviosas. Es esta parte del diente la que se encarga de recibir las sensaciones de frío y calor del diente. El tejido mixoide tiene en su parte más cercana a la dentina unas células muy especializadas llamadas odontoblastos: Los odontoblastos pueden formar dentina y engrosar así la capa de este tejido. A través de los vasos sanguíneos se suministran nutrientes para las células del tejido mixoide y los nervios que hay en la pulpa, así como para los tejidos más exteriores del diente.
Como hemos visto, los tejidos del diente pueden ser duros (esmalte, cemento, dentina) o blandos (pulpa). Realmente la pulpa se encuentra enclaustrada en un armazón rígido, un habitáculo que en la corona se denomina cámara pulpar y en la raíz conducto/s pulpar/es.
Última actualización: del 2006
Dr. Juan Pedro Moreno Fuxá