Con frecuencia las pautas son eminentemente restrictivas, por ejemplo teniendo en cuenta que el gasto energético disminuye con la edad (por descenso del gasto basal y del gasto por actividad) es frecuente decirle al anciano que debe comer poco, eliminando muchos alimentos con poca sal (que a veces le son muy apetecibles). Muchas de estas medidas solo están justificadas si el anciano tiene una patología, como por ej., hipertensión, pero no por el hecho de tener mayor edad.
La restricción en el consumo de alimentos es peligrosa en personas de edad, porque contribuye a su depresión y debilitamiento. Mejor que las restricciones conviene indicar al anciano lo que debe comer para conseguir estar bien alimentado, evitar incrementos excesivos en su peso y controlar las patologías que presente.
También la embarazada tiene, con frecuencia, como prioridad el control de peso, pero las necesidades de diversas vitaminas y minerales se incrementan considerablemente respecto a lo marcado en mujeres no embarazadas y las deficiencias ligeras, aunque pasen desapercibidas, pueden perjudicar su salud y la de su descendiente.
En concreto, el consumo de ácidos grasos omega-3 es vital para que se puedan construir estructuras del sistema nervioso y de la retina del niño, también varias vitaminas y minerales condicionan la salud y capacidad funcional del descendiente y sin embargo muchos de estos componentes se toman en cantidad inferior a la recomendada por un elevado porcentaje de embarazadas, esto perjudica su salud, se asocia con mayor riesgo de enfermedades durante el embarazo (hipertensión, pre-eclampsia, etc.), pero también después del embarazo (depresión post-parto, desmineralización ósea, etc.,) y suponen un riesgo para el niño, por lo que deben ser controladas y evitadas.
Aunque es importante controlar el peso, durante la gestación, se debe garantizar que la alimentación cubre todas las necesidades de la madre.
Última actualización: del 2008
Profa. Dra. Rosa M. Ortega.