La leche es el alimento idóneo para la nutrición del lactante durante los 4-6 primeros meses de vida.
Hasta los 4 meses no es necesario añadir a la dieta del niño otros alimentos distintos a la leche (es decir, no se comienza con la alimentación complementaria hasta el cuarto mes de vida). De hecho, resulta perjudicial iniciar prematuramente dicha alimentación complementaria. Esto es debido a que los sistemas digestivo e inmunitario son aún inmaduros y se podría favorecer, por la introducción de alimentos nuevos tan pronto, la aparición de alergias alimentarias y de enfermedades inmunológicas más virulentas, entre otras alteraciones.
La introducción de cada nuevo alimento debe hacerse aisladamente (de uno en uno) y en pequeñas cantidades. Si unos 10 días tras la incorporación a la dieta de un nuevo alimento no ha habido reacción alguna, podemos probar con otro alimento.
En cuanto al orden de introducción de los distintos alimentos, existen unas directrices generales que deben respetarse:
Iniciar la alimentación complementaria con cereales SIN GLUTEN, verduras y frutas entre los 4 6 meses.
No introducir los cereales CON GLUTEN hasta pasados los 6 meses.
Las frutas se dan inicialmente en zumo, en cantidad de unos 20 ml (el de naranja, inicialmente diluido con agua para rebajar su acidez)
La administración de carne se inicia a los 6 meses con pollo y después con ternera.
El huevo comienza a darse a partir de los 9 meses. Al principio se dará cocido (al 9º-10º mes, la yema, introducida por cuartos; al 11º-12º mes, la clara). Sólo después de comprobar que no hay reacción tras su ingesta de esta forma preparado, se administrará el huevo en tortilla.
No incorporar la leche de vaca entera y los lácteos hasta cumplidos los 12 meses, como mínimo. En muchos casos, se mantiene la fórmula de continuación hasta los 2-3 años. Los quesos grasos se darán a partir de los 2 años.
Retrasar la incorporación de ciertas verduras ricas en nitritos (espinacas, nabos, remolacha) y la de frutas especialmente alergénicas (fresas, melocotón, frambuesas, kiwi, mango)
Se inicia la ingesta de pescado blanco entre los 9 y los 11 meses. El pescado azul se pospone hasta los 18 meses.
El cacao y el chocolate se pueden ofrecer al niño de 18 a 24 meses de edad.
Los calamares, el marisco, el cordero y el embutido se introducen a partir de los 2 años.
Los frutos secos enteros se reservan hasta los 3 años de vida. Antes resultan peligrosos por el riesgo de que el niño los pueda aspirar a la vía aérea.
No se debe usar azúcar, miel o sacarina para endulzar los cereales. Tampoco se debe añadir sal a las comidas.
No administrar comidas preparadas 8-12 horas antes, ni comidas recalentadas.
Consultar con el pediatra cómo llevar a cabo la introducción de la alimentación complementaria y siempre antes de incorporar un alimento nuevo.
Del cuarto al sexto mes:cereales sin gluten (arroz, maíz, soja, mijo, tapioca) y fruta (naranja, manzana, pera, plátano)
Sexto mes: verduras y hortalizas (patata, calabacín, puerro) y carne (pollo y ternera)
Octavo mes:cereales con gluten (trigo, centeno, cebada y avena)
Del noveno al onceavo mes: pescado blanco (merluza, lenguado, rape), yema de huevo cocida y legumbres (pasadas por el pasapurés para eliminar la piel y que sean más digeribles)
Doceavo mes: huevo cocido entero (yema y clara) y alimentos troceados. yogourt.
De los doce a los dieciocho meses: leche entera, tortilla, galletas y pescado azul (boquerón, sardina, caballa).
Es importante que la introducción de la alimentación complementaria se realice bajo supervisión del pediatra y siguiendo sus consejos. Consejos como los siguientes:
Las primeras papillas con alimentos distintos a leche y cereales se deben triturar bien. Cuanto más suave sea su textura, con más facilidad se acostumbrará el lactante al nuevo ingrediente. Según avanza el tiempo y el niño aprende a masticar, se irá variando la textura (más grumos, alimentos menos triturados, hasta que al año de vida se prueba con comida en trozos)
Los alimentos nuevos se incorporan de uno en uno para que el niño se habitúe al sabor y, sobre todo, para que, si se produce una reacción alérgica a alguno de ellos, sepamos cuál es el causante. Por este mismo motivo es aconsejable que no se inicie la alimentación con un nuevo alimento en la toma nocturna, ya que puede desencadenar una reacción y que los padres no se percaten por estar durmiendo.
La primera vez que se ofrece un alimento se hará en pequeña cantidad y, en tomas posteriores, se aumentará su aporte gradualmente. Así conseguimos que el niño se vaya adaptando al nuevo sabor y termine por aceptar el alimento.
Si el niño, tras tomar una pequeña cantidad del nuevo alimento, cierra la boca o retira la cara al acercarle la cuchara, no se debe insistir. Evitaremos que el bebé tome aversión por esa comida y, con paciencia, seguiremos ofreciéndoselo hasta que, en semanas sucesivas, lo acepte en cantidad óptima.
Desde los 7 u 8 meses de edad el niño intentará comer él sólo. Se le ha de permitir coger alimentos con las manos y llevárselos a la boca (a los 7 u 8 meses), beber de tazas (8 meses), alimentarse con la cuchara (a los 10 ó 12 meses)
Se emplearán alimentos de calidad, recién cocinados y correctamente manipulados. Las frutas ideales son las crudas (con todas sus vitaminas) y bien maduras (de sabor más dulce) o los zumos. Las verduras se prepararán trituradas y añadiendo agua si necesitamos diluir el puré resultante. Las carnes se añadirán a los purés de verduras, junto con una cucharada opcional de aceite de oliva a partir del 9º mes (mejora el sabor). El huevo se comienza dando como yema cocida (un cuarto, después la mitad, tras ésta se incrementa a tres cuartos y, finalmente, la yema entera). Se introduce la clara al siguiente mes, también cocida. La tortilla se ofrece más adelante, cuando el niño esté capacitado para tragar trozos de alimento. El pescado, limpio de espinas, se hervirá junto con verduras u hortalizas.
Última actualización: del 2006
Marta Bueno Barriocanal.