Estos dos términos hacen referencia a reacciones adversas desencadenadas por la ingesta de las proteínas de la leche de vaca. La alergia se origina por mecanismos inmunológicos y es más frecuente en niños con dermatitis atópica y/o antecedentes familiares de alergia.
La intolerancia se debe a hipersensibilidad del tubo digestivo del lactante, la cual se ve favorecida por su inmadurez digestiva e inmunológica, por la malnutrición, por las infecciones gastrointestinales, por la predisposición personal, etc...
En la alergia a las proteínas de la leche de vaca la reacción suele darse de manera inmediata, en los primeros meses de vida (cuando se introducen los primeros biberones de fórmula artificial) y puede ocasionar un eritema urticariforme (erupción cutánea habonosa que produce picor) peribucal o generalizado, angioedema, diarrea, vómitos, dificultad respiratoria, shock y muerte. Lo más frecuente es la afectación de la piel, seguida de la digestiva. La clínica respiratoria y el shock son poco frecuentes.
En la intolerancia a las proteínas de la leche de vaca la clínica es transitoria, surge también en los primeros meses de vida (cuando el niño es más inmaduro) y es predominantemente digestiva. Puede presentarse como una diarrea crónica y progresiva con afectación del estado nutricional, o como vómitos con absorción intestinal deficitaria y alteración de la ganancia ponderoestatural, o con deposiciones con sangre y moco con afectación de la mucosa del segmento final del colon.
El manejo de ambas enfermedades consiste en la retirada de la leche de vaca de la dieta del lactante y su sustitución por fórmulas especiales (hidrolizados de proteínas, fórmulas elementales) o por lactancia materna. A los 2 ó 3 años de edad ambas enfermedades suelen estar resueltas y es posible la reintroducción de la leche de vaca en la alimentación del lactante.
Última actualización: del 2006
Marta Bueno Barriocanal.