
Aunque se ha convertido en protagonista de algunas dietas y métodos de adelgazamiento, a veces cuestionables, lo cierto es que la alcachofa tiene otras muchas virtudes por las que debe ser tenida en cuenta. Es cierto que se trata de una verdura depurativa y diurética, ideal para quienes cuidan la línea, pero te proponemos descubrir otros beneficios.
La alcachofa presenta múltiples cualidades a nivel
digestivo y funcional. Destaca por ser, con diferencia,
la hortaliza con mayor contenido en fibra, aunque hay que tener en cuenta que no la
consumimos entera. Como sabemos, la fibra contribuye,
entre otras cosas, a la regulación del tránsito
intestinal y a ralentizar la absorción de nutrientes
evitando subidas bruscas de glucosa en sangre. También
es rica en vitamina B1, necesaria para el metabolismo de los hidratos de
carbono. Contiene, además, sustancias bioactivas con
funciones antioxidantes, antiinflamatorias y diuréticas.
Y cabe destacar el papel de la alcachofa sobre la
estimulación de la diuresis, motivo por el que forma
parte de dietas encaminadas a evitar la retención de líquidos.
Depurativa
La alcachofa, además, tiene un efecto beneficioso
sobre la digestión de las grasas. Esto se debe a su
aporte de cinarina, un componente que le proporciona
parte de su sabor amargo. La cinarina y otras sustancias
presentes en la alcachofa tienen efecto colerético, lo
que significa que incrementan la secreción de bilis por
parte del hígado, y precisamente la función de la bilis
es la de contribuir a la digestión de las grasas. Con
este efecto también se consigue bilis más fluida y se
estimula la descongestión del hígado, por lo cual a
menudo se considera la alcachofa como una planta
depurativa hepática.

La alcachofa se prepara de múltiples maneras: al horno, a la parrilla, al vapor, rebozada, frita, en sofritos y guisos… Se utiliza en tortillas, pizzas, menestras de verduras, etc. Además, tiene un importante mercado como verdura en conserva, en agua y sal, en vinagre, congelada...
Cuando la consumimos fresca debemos ser cuidadosos al manipularla, para evitar que se dañe o se oxide. Para que no se oxide debemos utilizar limón o vinagre: podemos rociar las alcachofas, frotarlas con el limón o añadir el vinagre o el limón en el agua de cocción y tenerlas poco tiempo en contacto con el aire. Además, hay que tener en cuenta que las alcachofas tiñen nuestra piel al pelarlas; para evitarlo, lo mejor es utilizar guantes.
La llamada alcachofa de invierno puede tener las hojas externas de color más blanquecino o incluso marrón parduzco, debido al frío, pero eso no afecta al valor culinario del fruto.
El licor utilizado como aperitivo, llamado Cynar, proviene de diferentes vegetales, entre los que predomina la alcachofa (Cynara scolymus).
La alcachofa puede ser aconsejable para cualquier persona aunque tiene especial interés en los siguientes casos:
No resulta conveniente en determinados casos:

Al comprar alcachofas debemos comprobar que están frescas y crujientes, algo que notaremos si, al apretar sus hojas, oímos o notamos el crujir de sus hojas. Si, de lo contrario, las hojas están blandas, de un color parduzco y se separan con facilidad significará que ha perdido su frescura. También rechazaremos alcachofas con la base seca y endurecida.
Además, procuraremos escoger las más pesadas en relación con su tamaño, con hojas firmes, gruesas y bien formadas.
Para su conservación lo ideal es mantenerlas en lugar
fresco y no cortarles el tallo hasta el momento de
prepararlas y consumirlas. Podemos introducirlas en una
bolsa de plástico dentro del frigorífico o incluso
dejarlas en agua a modo de flor, también en frío.
Las verduras son fundamentales para ayudar a cubrir las necesidades nutricionales de fibra, y determinadas vitaminas y minerales, además de ello contienen múltiples substancias bioactivas que representan beneficios para nuestro organismo. Debemos recordar que el consumo aconsejado de frutas y verduras es de unas cinco raciones al día, lo que significaría tomar verduras tanto en la comida como en la cena.

Alcachofas asadas al microondas
Ingredientes:
4 alcachofas
Sal gorda
Aceite de
oliva
1 limón
Preparación:
Cortar el tallo y retirar las hojas exteriores de
las alcachofas. Dar un golpe en la punta propiciando que
se abran y colocarlas sobre la fuente donde las
serviremos. Salpimentar al gusto y añadir de forma
opcional un chorrito de zumo de limón. Luego, cocerlas
al microondas a potencia máxima, durante unos cuatro
minutos por unidad. Si disponemos de más tiempo las
podemos hacer al horno, pues quedarán más doradas y crujientes.
Nota: el zumo de limón evitará además la oxidación de las alcachofas.