
Son indiscutibles las numerosas posibilidades y ventajas que ofrece el uso de internet en todos los ámbitos. Sin embargo, no se deben ignorar los peligros y riesgos que puede conllevar el hacer un mal uso del mismo, sobretodo en sectores de la población especialmente influenciables o vulnerables como pueden ser los niños, los adolescentes o las personas con determinados problemas psicológicos.
El uso de internet por parte de los adolescentes suele centrarse principalmente en establecer contactos y vinculaciones con grupos de iguales, superando la distancia física. Este medio les permite poder expresarse y hablar de determinados temas que podrían resultarles difíciles de tratar en relaciones directas, a la vez que puede convertirse en una forma de intentar superar estados de aburrimiento o monotonía, al permitirles encontrar información sobre temas que les resultan estimulantes.
A grandes rasgos, el uso que hace un adolescente de internet puede ser problemático cuando el número de horas de conexión afecta al correcto desarrollo de su vida cotidiana, causándole, por ejemplo, estados de somnolencia, alteraciones en su estado de ánimo o una reducción significativa de las horas que dedica al estudio o a otras obligaciones. Además, una escasa atención por parte de los padres puede dejarles vía libre para acceder, sin ningún control ni vigilancia, a determinadas páginas inadecuadas para su nivel de madurez. Si disponen de ordenador en casa y éste no tiene activados los filtros que limiten el acceso a determinadas páginas de información, los niños y adolescentes pueden encontrarse, accidental o intencionadamente, contenidos, servicios y personas no siempre fiables ni aptos para su edad.

Un adolescente puede haber desarrollado una adicción
a internet cuando de manera habitual es incapaz de
controlar el tiempo que permanece conectado,
relega sus principales obligaciones, evita o abandona
otras actividades importantes, pierde contactos
sociales, reduce las horas de sueño, descuida hábitos de
alimentación, salud, higiene personal y actividad física
y tiende a mostrarse irritable. Existen diferentes
modalidades específicas de adicción a internet, como la
necesidad de buscar información constantemente, la de la
búsqueda de determinadas sensaciones, la de frecuentar
entornos sociales, anhelando conocer gente nueva con
personalidades ficticias, la adicción al juego o a la
compra compulsiva, entre otras.
Los padres deben estar atentos al uso que sus hijos hacen de internet, controlando el tiempo que éstos pasan conectados, la frecuencia con la que lo hacen, los motivos por los que dicen que se conectan, la reacción que tienen cuando se les interrumpe y la actitud que muestran mientras están navegando por la red.
Es importante enseñarles progresivamente a seleccionar contenidos y fuentes de información fiables, desarrollando la capacidad de ser críticos con las mismas. Este proceso educativo debe pasar por alertarles del peligro que conlleva facilitar datos personales en la red, entablar relación con personas desconocidas o el intercambio de archivos y mensajes en un entorno no seguro.
Al mismo tiempo, se les debe ayudar a evitar la
dispersión, concretando los términos según la
información buscada y delimitando a la vez el tiempo
destinado a la conexión a internet en función del
objetivo que se persiga: trabajos escolares, juegos,
contactos con amigos, etc. Un buen recurso es también la
instalación de programas de protección en los
ordenadores que limiten el acceso a determinadas páginas
web.
Siempre es aconsejable buscar la ayuda profesional de un
psicólogo si se detectan señales de un mal uso de
internet por parte de niños o adolescentes o se sospecha
de una posible adicción a la red.