
El bullying es una relación de abuso o maltrato entre alumnos que se presenta en el contexto escolar. Podemos decir que estamos ante un problema de bullying cuando un alumno se encuentra expuesto de forma repetida, y a lo largo del tiempo, a acciones negativas por parte de otro u otros alumnos. Estas acciones negativas son intencionadas y el alumno víctima se encuentra intimidado e indefenso, inmerso en una dinámica que no ha provocado y sin la capacidad ni las herramientas para poderla manejar o solucionar por sí mismo. Es un fenómeno que se presenta indistintamente, aunque con diferentes modalidades, en alumnos de ambos sexos; en todos los niveles socioeconómicos y tanto en centros educativos públicos como privados. La franja de edad en la que existe mayor incidencia es entre los 11 y los 14 años.
Las acciones negativas más habituales utilizadas por los alumnos que maltratan a sus compañeros suelen consistir en actos verbales directos o indirectos, como el insulto, la burla, el uso de apodos o motes despectivos, hablar mal a espaldas del compañero, enviarle notas groseras o difundir rumores falsos que pueden dañar su identidad o reputación.
Otra modalidad del maltrato se basa en acciones físicas, por ejemplo, pegar, golpear, empujar, intimidar, amenazar, esconder o romper objetos del alumno que sufre este tipo de maltrato.
También se puede manifestar con el propósito de dificultarle la necesaria integración en su grupo de compañeros, excluyéndolo deliberadamente de actividades o juegos, impidiendo su participación, obligándole a hacer cosas que no desea, ignorándole o aislándole.
Ante todo es muy importante no alarmarse ante cualquier señal y tomarse el tiempo suficiente para hacer una valoración ajustada de lo que está sucediendo.
También hay que tener en cuenta, que entra dentro de la normalidad que un chico se pelee de vez en cuando o que se hagan bromas entre compañeros, todo ello de forma esporádica, sin malas intenciones y sin consecuencias significativamente perjudiciales en la seguridad o autoestima del chico.
Por otra parte, dependiendo de las características de
personalidad del chico y de la relación que tenga con
sus padres, nos encontraremos con diferentes casos.
Habrá chicos que, sin dificultad, darán a conocer
abiertamente la situación vivida a los padres en busca
de ayuda y apoyo. Pero otra reacción muy común es
callárselo y vivirlo en soledad por el sentimiento de
vergüenza, por sentirse débil y cobarde por estar
soportando esta situación y por no saber cómo
defenderse y hacerle frente.
En los casos en los
que el chico no lo manifieste directamente, hay
determinadas señales de sufrimiento o estrés que pueden
indicar que está padeciendo una posible situación de
bullying. Algunas de estás señales, ante las que
conviene estar atento son:
TOMAR NOTA: La actitud de los padres, tanto si su hijo les ha explicado abiertamente el problema, como si han tenido que irlo indagando, debe ser de apoyo incondicional y comprensión en todo momento. La disposición a escucharlo, animándole a relatar su experiencia detalladamente, motivará al chico a exponerla con mayor claridad. Hay que tener en cuenta que para él está siendo una experiencia muy difícil, con lo cual tiene que percibir que también se le otorga importancia y que se asume un compromiso de ayuda y acompañamiento en la solución del problema. En este sentido es fundamental mostrarle confianza y hacer que se sienta protegido. Nunca hay que ridiculizarlo, culpabilizarlo por lo que le está sucediendo o decirle que debe aprender a solucionarlo solo.
BUSCAR COLABORACIÓN. Hay que informar a la escuela de lo que está sucediendo, contrastar esa información con la que los profesores o tutores hayan podido detectar y trabajar en colaboración en la toma de medidas y el seguimiento de la situación. Es obligación de la escuela velar por la seguridad de sus alumnos.
AYUDAR DIRECTAMENTE A SU HJO. Un chico que está siendo o ha sido expuesto a una situación de bullying tendrá debilitada su autoestima y tenderá a sentirse inseguro, con lo cuál será necesario ayudarle a restablecerse. Para ello, es importante mostrarle afecto, hacer que se sienta valorado y apoyarlo. También se debe dedicar tiempo a hablar con él, dándole un espacio en el que tenga la oportunidad de contar sus experiencias diarias. Una medida eficaz es buscar aficiones, actividades o hobbies con los que pueda sentirse competente, mediante el desempeño de los cuáles tenga, a la vez, la posibilidad de ampliar su red de amistades.
Finalmente, enseñarle y practicar con él nuevas
habilidades y formas alternativas de afrontar
situaciones difíciles similares, puede resultar idóneo
para mejorar su seguridad y como prevención de futuros
problemas.
Si se percibe que el apoyo familiar no
es suficiente, convendrá buscar la ayuda profesional de
un psicólogo, para asegurarse de que el chico recupera
la necesaria autoestima y autoconfianza para su desarrollo.