
El consumo de alcohol y drogas suele iniciarse en la adolescencia y está habitualmente asociado al disfrute del ocio y de las relaciones sociales, centrándose en los fines de semana o períodos festivos. Ciertas características de esta etapa adolescente pueden facilitar el consumo habitual de sustancias, pero si éste se convierte en abusivo puede interferir en el desarrollo saludable del adolescente. Las primeras sustancias y las más consumidas suelen ser el alcohol y el tabaco, seguidas del cannabis, los tranquilizantes, la cocaína, las anfetaminas, el éxtasis y otros alucinógenos.
Pero no todo consumo de drogas implica el mismo grado de
riesgo. Así, existen diferentes formas de consumo: uso,
abuso y dependencia. El proceso de dependencia a una o
varias sustancias conllevan cierto tiempo y pasa por
diferentes fases en las que la frecuencia, la cantidad y
las formas de consumo varían. La mayoría de las veces,
el inicio de consumo no conduce a la dependencia. Es
importante, sin embargo, estar atentos ante determinadas
señales, porque si se consigue actuar cuando el
adolescente se encuentra en la fase de abuso, pero no
todavía de dependencia, la intervención será más
sencilla.
Ante todo, es importante tener en cuenta que la valoración y el diagnóstico sobre el consumo deben ser siempre realizados por un profesional de la salud mental, descartando de antemano con un médico la existencia de alguna causa orgánica que explique los síntomas detectados. A continuación se indican algunas señales que pueden indicar el consumo de alcohol y/o drogas. Muchas de estas señales pueden ser síntomas de otros problemas o dificultades diferentes del consumo:

Tanto en la prevención como en el abordaje del problema es importante no considerar a los jóvenes de forma aislada del contexto social en el que se desenvuelven, actuando desde todos los ámbitos de influencia como la familia, la escuela, las instituciones y la sociedad.
La información es una herramienta fundamental en la prevención del consumo de drogas. Es importante hablar con los hijos sobre este tema y sobre otros muchos que pueden ir presentándose en diferentes momentos. Si el diálogo abierto y la posibilidad de exponer dudas, y consultar diferentes temas, no se ha instaurado desde el principio en la dinámica familiar, los intentos por parte de los padres de abordar directamente el tema del consumo difícilmente tendrán éxito, quedando limitados a interrogatorios en los que el adolescente posiblemente no va a colaborar.
La actitud de los padres debe ser de apoyo y disposición
a escuchar a su hijo, intentar comprenderlo y ponerse en
su lugar, teniendo en cuenta sus opiniones y
experiencias. Si se adopta una actitud con la que se
pretende juzgarle o imponer de forma estricta e
inflexible determinadas ideas o comportamientos, así
como si se le critica o ridiculiza, se estará
obstaculizando la comunicación con el chico
adolescente.
Es importante, a la vez,
facilitarle la participación en actividades que le
permitan construir nuevas relaciones y que le ayuden a
sentirse perteneciente a determinados grupos y asociaciones.
Desde la infancia, los padres deben fomentar el
desarrollo de habilidades sociales, para ayudarle a
ganar seguridad personal y autoestima, así como
capacidad para exponer y defender sus opiniones y para
resistir a la presión del grupo.
En caso de
evidencias de abuso de alcohol y/o drogas, es
fundamental conseguir el reconocimiento por parte del
adolescente, teniendo en cuenta que al principio puede
negarlo o mostrar resistencia a aceptarlo. Una vez
reconocido el consumo por parte del joven, es importante
no mostrar actitudes de derrota, impotencia o fracaso
ante el problema, sino de energía y posibilidad de
abordaje, siempre que se cumplan unas condiciones de
colaboración por parte del adolescente.
El núcleo familiar debe manejar normas y límites, estableciendo unas condiciones para la convivencia, manteniendo posturas firmes y de rechazo al consumo y no cediendo a los intentos de manipulación por parte del hijo que consume.
Sobretodo, ante un caso de detección de abuso de alcohol y/o drogas, se debe acudir a un profesional en la salud mental, con el objetivo de iniciar el tratamiento más adecuado para cada situación específica, y a la vez apoyar y orientar a la familia.