Aparato Locomotor

Vol 20 nº 4 Octubre/Diciembre 2009

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Editorial

Pedro y el lobo...

Estamos pasando por un momento en el que la ciencia ha quedado en entredicho. Unir ciencia y política nunca ha sido bueno, ni tampoco aconsejable, pero pregonar datos con algún sustrato de investigación técnica sin comprobar su fundamento y sin criterio científico es muy peligroso. Se pueden resaltar muchos aspectos de hechos sucedidos últimamente pero los que mayor interés han despertado entre los medios de comunicación y, por tanto, en la sociedad, son sin duda el descubrimiento de correos electrónicos de «científicos» manipuladores de datos sobre el llamado cambio climático y el susto de la ya olvidada y ex famosa gripe A.

La mezcla de datos elaborados por uno o varios científicos y el interés político personal, de grupo, de empresa, o de partido, han constituido un cóctel difícil de manejar. Que el hombre influye en la naturaleza puede ser verdad, dar con la solución a esa manipulación en estos momentos es muy complicado, ya que son necesarios muchos estudios que requieren tiempo, así como verificación de resultados y puntos de vista.

El problema planteado por la gripe A es diferente pero no menos llamativo. Un grupo de científicos, a partir de unos casos detectados en un lugar del planeta, elevan la voz de alarma alertando de que se acerca una de las pandemias más peligrosas sufridas por la humanidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) toma parte y avisa a los países de la necesidad de prevenirla; los gobiernos, de aquí y de allá, empujados por las noticias, se ven en la necesidad de decir qué van a hacer ante la posible pandemia, uniendo a sus actuaciones mensajes de tranquilidad y precaución, que en muchas ocasiones no son creídos. Los laboratorios aprovechan la ocasión para recibir cuantiosas subvenciones que dedicarían a realizar prometedores descubrimientos. La prensa se acerca hasta el foco inicial de la pandemia y entrevista a los familiares, vecinos y amigos del niño primariamente infectado. Se producen y pagan millones de vacunas que se fabrican aprisa, sin pasar las pruebas oportunas.

Al parecer, la pandemia ha pasado y el número de casos graves ha sido menor de lo imaginado. Los periodistas ya hablan de otros temas, los gobiernos no hacen referencia a las numerosas y costosas campañas efectuadas, la OMS ya no la menciona y los científicos con los fondos recibidos buscan otros asuntos que les den notoriedad.

Estos comentarios no son una crítica, es una llamada de atención sobre lo importante que es la seriedad en la investigación médica, de lo conveniente que es establecer unos niveles de evidencia en los que la prensa y la política no tienen ningún derecho para apoderarse de los datos científicos sin un criterio moral y ético definido. Y por supuesto, es un aviso para muchos científicos. Lo malo es que hace mucho tiempo que Pedro avisó y ha venido el lobo esta vez, pero puede que vuelva nuevamente...

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