Seguridad y Medio Ambiente FUNDACIÓN MAPFRE

Especial Medio Ambiente 2009

8.1 IntroducciónDESPUES DE KIOTO

Objetivo: que el aumento de la temperatura global no supere los 2 grados centígrados

El calentamiento del sistema climático mundial es inequívoco. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha evidenciado que la temperatura promedio de la tierra y del mar en 2008 fue 0,31 grados superior a las registradas entre 1961 y 1990. De hecho, durante los últimos cien años, la Tierra se ha calentado en un promedio de 0,74 grados, según el cuarto informe del Grupo Intergubernamental de expertos en Cambio Climático (IPCC, en sus siglas en inglés) de la ONU. Este calentamiento es debido mayoritariamente a las emisiones de gases de efecto invernadero. De ahí la necesidad de reducirlos, tal y como persigue el Protocolo de Kioto. El objetivo, lejos de cumplirse, es que las temperaturas no aumenten por encima de los 2 grados.

De Kioto a Copenhague

En el año 1997, 150 países firmaron el Protocolo de Kioto. Éste entró en vigor en febrero de 2005, tras la ratificación de 126 países. El compromiso alcanzado implica que los países desarrollados deben reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero entre 2008 y 2012 en un 5,2% con respecto a 1990.

José Manuel Moreno Rodríguez, catedrático de Ecología de la Universidad de Castilla-La Mancha y miembro del IPCC, explica que «el dióxido de carbono en la atmósfera apenas llegaba a las 350 partes por millón en 1990», mientras que «hoy en día supera las 385 partes por millón ». Sus principales conclusiones son que «hay mucha tarea por hacer» y que «el Protocolo de Kioto era un primer paso para intentar reducir las emisiones de gases de efecto invernadero».

Jose Manuel Moreno: «Kioto era sólo un primer paso para intentar reducir las emisiones de gases de efecto invernadero»

El cuarto informe del IPCC, aprobado en 2007 en Valencia, prevé dos escenarios de futuro sobre el cambio climático. En el más optimista, el IPCC asegura que podría darse un incremento de temperatura a finales de siglo de 1,8 grados. El peor escenario apunta una subida de 4 grados, que podría llegar a ser de hasta 6,4.

Moreno advierte que «si no hacemos nada hasta 2035 y a partir de ahí reducimos [las emisiones de gases de efecto invernadero] un 3% anual, para 2100 nos encontraríamos con aumentos de temperatura de alrededor de 3 grados». Entonces, no se alcanzaría el objetivo del Protocolo de Kioto. «Si adelantamos la reducción a 2025, todavía superaríamos el aumento de los 2 grados para 2100. Si reducimos un 3% anual a partir de 2015, aún tendríamos los rangos de variación de temperatura por encima del objetivo». Según los cálculos de Moreno, «sólo lo lograríamos si se redujera a partir de 2016 un 6% anual. Desde 2050, la banda de seguridad nos dejaría un margen de 0,3 grados para no superar los 2 grados».

De la Conferencia de Copenhague tiene que surgir un acuerdo global sobre el régimen futuro de cambio climático post-2012 que sustituya al Protocolo de Kioto

Dos procesos de negociación

Alicia Montalvo Santamaría, directora de la Oficina Española de Cambio Climático, ha informado que, cara al régimen post-2012, «hay dos procesos de negociación en paralelo e independientes». Uno se refiere a los futuros compromisos de reducción de emisiones por parte de los países del anexo B del Protocolo de Kioto. El otro, que afectaría a países desarrollados y en desarrollo, se encuadra en el Plan de Acción de Bali (2007). Este último asume que «todos los países» se tienen que comprometer a hacer esfuerzos de mitigación, no sólo los desarrollados. El reto es alcanzar un acuerdo ambicioso y global sobre el régimen de cambio climático post-2012 en diciembre de 2009, en la Conferencia de las Partes de Copenhague. Montalvo afirma que es «previsible y deseable» que ambos procesos acaben convergiendo en uno solo.

La directora de la Oficina Española de Cambio Climático destaca que los procesos de negociación se basan en una «visión compartida y en los cuatro pilares básicos identificados en Bali»: la mitigación (de las emisiones de los gases de efecto invernadero), la adaptación (para hacer frente a los efectos), la tecnología (para aplicarla tanto a la mitigación como a la adaptación) y la financiación (para acometer los compromisos de mitigación y las necesidades de adaptación de los países desarrollados y de los países en vías de desarrollo ).

Según Montalvo, «contar con la evidencia científica que aporta el IPCC es fundamental y constituye uno de los elementos clave de la posición de la Unión Europea». Asimismo, «la I+D+i tiene un papel primordial». El objetivo de evitar que la temperatura aumente por encima de los 2 grados centígrados más allá de los niveles pre-industriales «requiere desarrollo, consolidación y transferencia de tecnologías». Compatibilizar la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero con el crecimiento económico, manteniendo los actuales niveles de bienestar, exige un esfuerzo importante en I+D+i.

«Igualmente, hace falta poner en marcha una nueva arquitectura financiera internacional para la mitigación y la adaptación, utilizando recursos públicos y privados», afirma Montalvo. Las herramientas básicas para ello son los mercados de carbono, que permitirán movilizar nuevos flujos financieros y dar un requiemayor impulso a los mecanismos flexibles basados en proyectos previstos en el Protocolo de Kioto.

Los procesos de negociación se basan en cuatro pilares fundamentales: mitigación, adaptación, tecnología y financiación

Otros factores que obstaculizan

Al margen de las dificultades del orden técnico y político en las negociaciones, Rodolfo Gijón, secretario de la comisión de Medio Ambiente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), ha argumentado por su parte que «hay dos factores que dificultan poder conseguir los objetivos de Kioto».

Por una parte, está la población. En dos décadas, la Tierra estará poblada por más de 8.000 millones de personas. Por lo que es previsible, en opinión de Gijón, que aumenten las emisiones de gases de efecto invernadero. «Cuánta más población, más difícil es reducir la emisión de gases de efecto invernadero», puntualiza.

En los años 2005, 2006 y 2007, la intensidad energética de España se ha reducido sensiblemente en un 7,5%

Otra dificultad, continúa Gijón, es que «países como China e India, que entre los dos son un tercio de la población mundial, evolucionan de tal forma y tan rápidamente que sus emisiones se disparan ». Gijón tampoco obvia que «las tres cuartas partes de las emisiones de CO2 tienen un origen energético, por energía o por procesos de combustible».

En ese sentido, se prevé que la demanda de energía se duplique. «No sólo hay que abastecer a la población nueva que surge, sino también a los países que se modernizan y desarrollan», matiza. Por ejemplo, China e India tienen previsto instalar 60 nuevas centrales nucleares de aquí a 2030. Por ende, en la lucha contra el cambio climático «hay que encontrar unas reglas de juego comunes para todas las industrias ». Si se dan situaciones desiguales, a juicio de Gijón, «lo único que se va a conseguir es deslocalización industrial».

Objetivos para España

Gemma Durán, profesora titular del Departamento de Estructura Económica y Economía del Desarrollo de la Universidad Autónoma de Madrid, recoge en su libro Empresa y medio ambiente (Pirámide) que el compromiso asumido por España en el Protocolo de Kioto «es limitar el crecimiento neto de las emisiones de gases de efecto invernadero, de manera que durante el periodo 2008- 2012 sus emisiones no aumenten más del 15% sobre la cifra de emisiones del año 1990. Ya en el año 2004 se situaban un 47,9% por encima de las de 1990, es decir, un 32,9% por encima del objetivo establecido en el Protocolo para el periodo 2008-2012».

Al hablar de retos post-Kioto en el sector energético, Francisco Macía Tomás, subdirector de Planificación Energética y Seguimiento, sostiene que hay que «caminar hacia un sistema de desarrollo sostenible, que sea sostenible en todas sus dimensiones». Para conseguirlo, marca tres objetivos: garantía, precio-competitividad y sostenibilidad ambiental. La sociedad no puede vivir sin energía.

Al respecto, Jesús Candil Gonzalo, director General de Industria, considera que España «necesita potenciar los esfuerzos de contención que se vienen haciendo sobre las emisiones de gases de efecto invernadero y el consumo de combustibles fósiles».

En su opinión, «si se consigue alcanzar un consumo eficiente de los combustibles fósiles, se reducirá una gran parte de las emisiones de los gases de efecto invernadero». El nuevo paradigma del desarrollo sostenible es uno de los grandes retos del futuro.

Aumentar la cuota de renovables

El plan sobre cambio climático, aprobado en el pasado mes de diciembre, obliga a aumentar en 2020 hasta el 20% la cuota de energía procedente de fuentes renovables, lo que significa duplicar la producción actual (8,7% en 2005). Además, de aquí a 2020, España deberá recortar un 10% las emisiones de sectores como el transporte, la vivienda, la agricultura y la ganadería o los residuos respecto a los niveles de 2005, año que se toma como referencia.

En los años 2005, 2006 y 2007, la intensidad energética de España se ha reducido sensiblemente en un 7,5%. Otro dato que anima al optimismo es que se ha crecido en diversificación energética. De 2007 a 2008, en la energía primaria, se ha pasado de utilizar el petróleo de un 49 al 42%, de utilizar el carbón de un 12 a un 8%, de utilizar el gas de un 21 a un 25% y de utilizar energías renovables en un 6 a un 16%. En energía final, destaca que en una década nuestro país dobla la participación de las renovables en el consumo de energía final, de un 8,2 a un 16%.

Se ha hecho una gran apuesta por las renovables. Se ha pasado de 53.000 gigavatios hora a 130.000. Esto se traduce en un crecimiento del 150% en una década y en menos emisiones de gases de efecto invernadero.

Deberes globales

  • Los países desarrollados deben comprometerse a reducir de manera colectiva sus emisiones de gases de efecto invernadero en un rango del orden del 30% en 2020 respecto a 1990 (consistente con el rango del 25-40% en 2020 respecto a 1990 incluido en el Cuarto Informe del IPCC). La UE ya se ha comprometido a un objetivo independiente del 20% respecto a 1990, que podría aumentar al 30%.
  • Los países en desarrollo, sobre la base de la información proporcionada por el IPCC, deberán alcanzar en 2020 una desviación sustancial de sus emisiones respecto a sus emisiones de referencia. Eso puede suponer, en muchos casos, aumentos. Deben asumir también compromisos.
  • El acuerdo de Copenhague deberá definir el nivel y los objetivos individuales para los países desarrollados en el medio y largo plazo, y asegurar que las acciones de mitigación de los países en desarrollo se producen en un espacio de tiempo que haga posible que las emisiones globales de gases de efecto invernadero se reduzcan un 50% respecto a los niveles de 1990.

Poznan: una reunión para sentar las bases de negociación

La última Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático, celebrada en Poznan (Polonia) el pasado mes de diciembre, permitió sentar las bases para el proceso de negociación que se desarrollará a lo largo de 2009, identificando los principales elementos de discusión y estableciendo los programas de trabajo para los próximos meses.

Además, en esta reunión, en la que no se esperaban acuerdos importantes, se concluyeron algunas mejoras metodológicas en algunos de los aspectos más relevantes de los compromisos vigentes, especialmente en lo que se refiere al Mecanismo de Desarrollo Limpio.

Por otra parte, en esta reunión se dieron los pasos necesarios para hacer plenamente operativo el Fondo de Adaptación que se nutre con el 2% de las reducciones certificadas de emisiones generadas por el Mecanismo de Desarrollo Limpio.

Respecto a una posible ampliación del alcance de este instrumento para aumentar los recursos disponibles del Fondo de Adaptación, no se alcanzó un acuerdo, ya que deberá plantearse en el marco de las negociaciones sobre la nueva arquitectura financiera del cambio climático.

Medidas estatales e iniciativas de empresas

José Luis Tejera Oliver, director de Desarrollo Estratégico y Corporativo de la Asociación Española de Normalización y Certificación (AENOR), recuerda que, normalmente, la reducción de gases de efecto invernadero «se está acometiendo con una serie de medidas tales como la mejora de la gestión energética, la mejora de la eficiencia y el ahorro energético, el desarrollo de energías renovables, el desarrollo de productos y servicios sostenibles, la búsqueda de nuevas tecnologías que reducen la emisión de gases de efecto invernadero y la creación de incentivos económicos para evitar su emisión».

Procesos productivos más eficientes, estrategias preventivas, producción limpia, ecoproductos o análisis de ciclo de vida son algunas de las prácticas ambientales que han incorporado las empresas en su día a día.

Unión Fenosa y Endesa son un claro ejemplo de ello. Ángel Lagares Díaz, jefe del Departamento de Medio Ambiente de Unión Fenosa, afirma que «la acción preventiva ante el calentamiento global es positiva». Los objetivos estratégicos de la firma son:

  • Reducir en 2010 un 5% las emisiones de las centrales de carbón con respecto a las que tenían en 1990 o un 27% con respecto a las de 2004. El objetivo es reducir 10 millones de toneladas de CO2. En el año 2004 emitía 14 millones, mientras que en 2008 emitió 6,9 millones.
  • Reducir en 2010 un 40% las emisiones específicas de generación térmica y un 20% las de mix de producción con respecto a 1990.
  • Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en países en vías de desarrollo en una cantidad equivalente al 7% de las emisiones que tenía en el año 1990.

En el último año, Unión Fenosa ha evitado prácticamente la emisión de 6 millones de toneladas de CO2, principalmente por los ciclos combinados (4,9 millones), por redecotización de las hidráulicas (66.000 toneladas de CO2), por renovables (400.000 toneladas) y por ahorro y eficiencia energética (482.000).

David Corregidor Sanz, subdirector de Medio Ambiente, Generación y Cambio Climático de Endesa, expone que la acción de su compañía se basa en cuatro programas:

  • Potenciar el desarrollo de las energías renovables.
  • Liderar nuevos desarrollos tecnológicos que conduzcan a menos emisiones de CO2.
  • Capturar todas las oportunidades de eficiencia energética.
  • Completar el resto de programas con otros proyectos.

En el pasado mes de octubre, Endesa creó Endesa Carbono, que será su vehículo para gestionar y tramitar todas las actuaciones de carbono.

La aviación contribuye al 2% de las emisiones totales de CO2

Jaime García Blázquez, jefe de la Unidad de Medio Ambiente de Iberia, comunica que «el sector de la aviación contribuye sólo al 2% de las emisiones totales de CO2, que se generan por consumo de combustibles fósiles». Se espera que en 2050 ese 2% sea un 3%. Dentro del sector de transportes, la contribución de la aviación es del 33%. El consumo específico de CO2 de Iberia equivale a 103 gramos de CO2 por pasajero. En los últimos 15 años lo ha disminuido en un 37%.

Desde el año 2008, la aviación ha reducido sus emisiones de gases de efecto invernadero en casi un 10%. Esto se ha conseguido por el desarrollo de la tecnología, porque los motores son más eficientes, porque los aviones son menos pesados y porque se ha mejorado la aerodinámica. Sin embargo, no existe actualmente una tecnología que vaya a aportar a corto plazo una reducción drástica de las emisiones.

La Asociación Internacional de Líneas Aéreas está trabajando en la certificación de biocombustibles. Para el año 2017, el objetivo es que el 10% del combustible que se use sea biocombustible de segunda y tercera generación.


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Imagen José Manuel Moreno
José Manuel Moreno
Rodolfo Gijón
Rodolfo Gijón
Imagen Francisco Macía
Francisco Macía
Conferencia de Poznan sobre Cambio Climático
Conferencia de Poznan sobre Cambio Climático
José Luis Tejera Oliver
José Luis Tejera Oliver
Ángel Lagares Díaz
Ángel Lagares Díaz
David Corregidor Sanz
David Corregidor Sanz