Seguridad y Medio Ambiente FUNDACIÓN MAPFRE

Especial Medio Ambiente 2009

6.2 Opinión Ramón Peral Orts, ingeniero industrial, director técnico del Laboratorio de Ingeniería Acústica y VibracionesCONTAMINACION

Cataluña, Andalucía y Valencia, las comunidades más ruidosas de España

No cabe duda de que la contaminación acústica es uno de los aspectos medioambientales que acapara mayor atención política y social en nuestros días. De hecho, a nadie le sorprende que los botellones, las fiestas en la calle, las urbanizaciones pegadas a autovías y los aeropuertos próximos a poblaciones ocupen cada día portada en periódicos e inquietantes minutos en los telediarios.

Ruido: la polución invisible

Esta alarma social es principalmente debida al elevado porcentaje de población que se ve afectada en mayor o menor medida por el ruido. Para ser más concretos, la Organización Mundial de la Salud asegura que la mitad de los europeos pasamos la mayoría de nuestro tiempo en ambientes ruidosos y que un tercio de la población del viejo continente se ve sometida a niveles nocturnos que pueden derivar en trastornos graves del sueño.

De la misma forma, según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), España es el segundo país más ruidoso del mundo por detrás de Japón. Asimismo, datos obtenidos del Instituto Nacional de Estadística muestran a las comunidades catalana, andaluza y valenciana como las más ruidosas del panorama nacional.

Como consecuencia de ello, el ruido va deteriorando lentamente nuestra calidad de vida, provocando efectos acumulativos adversos en nuestro organismo. Estos efectos pueden derivar en daños auditivos, estrés, pérdida de la concentración o trastorno severo del sueño.

Pero esta problemática no es algo nuevo en la historia de la humanidad. Diferentes autores de la Roma clásica, en el siglo I de nuestra era, ya denunciaban en sus escritos las molestias causadas por los artesanos, herreros, carpinteros y orfebres en las calles de la gran urbe, así como el ruido producido por el paso de carpentum, carrucas y plaustras por las vías empedradas de la ciudad.

Evidentemente, los avances tecnológicos, el aumento de la población y la actividad frenética y descontrolada que se vive actualmente en las ciudades, han incrementado los niveles sonoros de forma alarmante en los últimos años. Como consecuencia de ello, la administración ha actuado emitiendo diferentes textos legislativos con el objetivo principal de evaluar y controlar los niveles sonoros en ambientes de trabajo, interiores de vivienda y espacios exteriores. En manos de la propia administración, los profesionales y la ciudadanía en general está que la aplicación de estas leyes cumpla su propósito original.

No sólo las personas se ven afectadas por niveles excesivos de ruido. Naciones Unidas ha alertado sobre el aumento de la contaminación acústica en el mar, que pone en peligro la supervivencia de las especies submarinas; en muchas zonas se ha detectado un desplazamiento masivo de fauna por la presencia de actividades ruidosas, tales como ejes viarios, zonas industriales o parque eólicos.

Un experimento de niveles sonoros

Pero, ¿somos conscientes de los niveles de ruido a los que estamos sometidos en nuestro día a día? Para cuantificar de forma clara esta realidad, decidí ejecutar un experimento casero, llevando conmigo un sonómetro durante 24 horas de un día cualquiera. Los resultados obtenidos resultan, cuanto menos, sorprendentes.

  • 7:00 am. Un ruido ensordecedor perturba mi sueño y satura el sonómetro elevándolo por encima de los 80 dBA; se trata del despertador, el cual parece avisarme de la jornada ruidosa que comienza.
  • 7:45am. El autobús se retrasa, mientras espero en la parada; el tráfico de la avenida se multiplica, marcando un valor medio de 77 dBA y picos de 82 dBA.
  • 8:15 am. Una vez en la oficina, no soy consciente, pero durante las ocho horas de trabajo un zumbido continuo pasa desapercibido a mis oídos pero afecta a mi concentración. Se trata del aire acondicionado, el cual ayuda a que el nivel de ruido medio sea durante la jornada de trabajo superior a 60 dBA.
  • 17:00 pm. De vuelta a casa, decido dar un paseo. Ambulancias, coches de policía, ciclomotores, excavadoras y otra maquinaria de obra acumulan un valor medio en el sonómetro de 75 dBA, con picos mayores de 95 dBA.
  • 19:00 pm. Voy al centro comercial a hacer unas compras. La música en algunas tiendas enmascara el murmullo de la gente y marca en el sonómetro valores de 72 dBA.
  • 22:30 pm. La zona de ocio está abarrotada de gente. La charla en un bar se hace casi imposible. Como resultado, 80 dBA y un dolor de cabeza insoportable.
  • 1:00 am. Discoteca: 100 dBA.

Los ruidos excesivos no afectan sólo a las personas; la ONU ha detectado migraciones masivas de fauna por la presencia de actividades ruidosas en carreteras o industrias

A las 4 de la mañana, despido mi día con la visita obligada del camión de la basura, que me vuelve a despertar. Después, el silencio me afecta más que el ruido del tráfico, las obras o la música, ya que me recuerda que pronto el despertador volverá a anunciar un nuevo día plagado de ruidos.


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RAMÓN PERAL ORTS
RAMÓN PERAL ORTS
La vida moderna, con sus actividades de
transporte, obras y ocio, genera elevadas dosis
de ruido en las ciudades. La vida moderna, con sus actividades de
transporte, obras y ocio, genera elevadas dosis
de ruido en las ciudades. La vida moderna, con sus actividades de
transporte, obras y ocio, genera elevadas dosis
de ruido en las ciudades.
La vida moderna, con sus actividades de transporte, obras y ocio, genera elevadas dosis de ruido en las ciudades.