Seguridad y Medio Ambiente FUNDACIÓN MAPFRE

Especial Medio Ambiente 2009

2.2.1 Retos de las urbes del siglo XXI. IntroducciónHACIA UN NUEVO MODELO URBANO

En 2007, la población de la Tierra alcanzó el equilibrio entre el mundo rural y el urbano: más de la mitad de los habitantes del planeta ya viven en ciudades, según un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Al igual que durante las revoluciones industriales de los siglos XVIII y XIX, este ‘efecto llamada’ desde el campo a las urbes se agudizará en los próximos años. Se calcula que dentro de dos décadas, el 61% de los seres humanos vivirá en núcleos urbanos. Estas expectativas obligan a reflexionar sobre los retos medioambientales que tendrán que asumirse en las ciudades del siglo XXI, no sólo aquellos por parte de quienes las proyectan y construyen, sino también por parte de todos los que las habitamos.

La lucha contra el cambio climático empieza en las ciudades

El aumento de la población en las ciudades hace necesaria una profunda reflexión acerca de cuestiones concretas. El cambio climático, la calidad del aire, la disponibilidad del agua, el urbanismo, el transporte y la energía son las claves que dictarán el futuro de las ciudades.

La revolución climática es una realidad que genera una preocupación cada vez mayor. En este proceso es creciente el protagonismo del hábitat urbano, bien como elemento coadyuvante, bien como factor contrarrevolucionario. En los últimos años no han dejado de crecer en número los expertos que están convencidos de que el desarrollo sostenible es una carrera de fondo cuyo resultado se dilucidará en el seno de las ciudades.

Entre los gurús verdes que defienden este planteamiento se encuentra Gildo Seisdedos, director del Foro de Gestión Urbana del Instituto de Empresa. Este experto sostiene en su libro Cómo gestionar las ciudades del siglo XXI que «el metabolismo urbano en general va a experimentar cambios radicales en los próximos años bajo la presión inexorable del cambio climático. La iniciativa y la imaginación de las ciudades será el principal motor de la innovación en este campo».

La calidad del aire

En el verano de 2008, a pocos días de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín, fueron numerosas las voces que mostraron su preocupación por las consecuencias que sobre la salud de deportistas y turistas podía tener la alta contaminación ambiental de la capital de China. Y ello a pesar de que las autoridades del país asiático tomaron medidas para paliarla, como el cierre temporal de fábricas o la limitación en la circulación de vehículos a motor.

Sirva el ejemplo olímpico como paradigma de uno de los efectos más nefastos del progreso de las ciudades, entre ellas muchas españolas. Según el informe Perfil ambiental de España 2007, hecho público en noviembre pasado por la Secretaría de Estado de Cambio Climático, la calidad del aire de los entornos urbanos sigue siendo uno de los principales puntos débiles del medio ambiente en nuestro país. Algunos de los principales contaminantes superan con creces los valores legales establecidos por la Unión Europea, y los niveles de ozono han llegado en algunos municipios a niveles preocupantes.
Como muestra:

  • La media de las ciudades de más de 500.000 habitantes supera el valor límite de concentración media anual de NO2 (dióxido de nitrógeno) para 2010. Esta tendencia al alza del número de días de superación está relacionada con el incremento de vehículos diésel. En este sentido, cabe cuestionar la creciente implantación de los mal llamados coches diésel «ecológicos».
  • En el 45% de las capitales de comunidades autónomas se supera el valor límite establecido en la concentración de PM10 (partículas en suspensión).

El agua

El informe Agua y sostenibilidad: funcionalidad de las cuencas, publicado recientemente por el Observatorio de la Sostenibilidad en España, es muy claro en su diagnóstico: «El modelo de desarrollo urbano vigente, tendente a la construcción de viviendas dispersas y viviendas secundarias infrautilizadas, es altamente consumidor de agua y territorio ».

Los periodos de sequía experimentados en los últimos años han puesto a prueba en muchas grandes urbes españolas la capacidad de reacción ante lo que podría ser una realidad cotidiana en territorios que, precisamente, no son generadores de recursos hídricos. Las administraciones locales optaron, en su mayoría, por tres medidas fundamentales: la restricción a los consumos accesorios del agua (piscinas y riego de calles), las campañas de sensibilización entre la población para el ahorro de este recurso natural y la reutilización.

El urbanismo

El cuarto gran reto que tendrán que afrontar las urbes del siglo XXI es la planificación de las ciudades. La situación la resume del siguiente modo Carlos Hernández Pezzi, presidente del Consejo General de Arquitectos: «Hemos hecho un metabolismo erróneo del suelo de España ». «Hay que dejar el tremendismo (informativo) y apuntar ideas», señala al respecto el delegado de Medio Ambiente de la Diputación de Barcelona, Joan Antonio Barón. En su opinión, el «debate auténtico» sobre los retos de las ciudades del siglo XXI es el urbanístico, «muy ligado también al mundo de la energía». Barón, consciente de que el territorio del que disponen los núcleos urbanos de población «no es infinito», aboga por su reciclaje, porque «los espacios tienen valor en sí mismos»

En el 45% de las capitales de comunidades autónomas se supera el valor límite establecido en la concentración de partículas en suspensión

Otro de los partidarios de acometer la lucha por la sostenibilidad desde el urbanismo es Juan Espadas, consejero de Vivienda y Ordenación del Territorio de la Junta de Andalucía, que sostiene que «es un error importante» pensar que planificar la ciudad para hacer de ella un exponente de la sostenibilidad es encorsetar su crecimiento y desarrollo. Para el concejal de Medio Ambiente del Ayuntamiento de San Sebastián, Denis Itxaso, la Agenda Local 21 «sigue siendo un instrumento de planificación muy valioso».

Energía y transporte

El reto del ahorro y de la eficiencia energética está estrechamente ligado al del urbanismo, hasta tal punto que, como afirma Pezzi, «la sostenibilidad va dejando paso al urbanismo energético».

Efectivamente, las políticas estratégicas de urbanismo influyen de manera muy directa sobre el consumo de los ciudadanos. Cada vez que un ayuntamiento planifica la densidad poblacional de un núcleo urbano, la ordenación del territorio, la construcción de instalaciones, el suministro de servicios públicos o la creación o renovación de redes de transporte, está alterando la demanda energética futura, además de sobrecargar las arcas públicas. Ahí radica la necesidad de pensar la ciudad desde el punto de vista de la eficiencia energética, esto es, con fórmulas de reducción del consumo de las energías convencionales y con el desarrollo de energías renovables.

Hay que concebir las ciudades desde la eficiencia energética, con fórmulas de reducción del consumo de las energías convencionales y desarrollo de las renovables

El consumo energético también está muy estrechamente ligado a la movilidad de las ciudades: la AIE (Agencia Internacional de la Energía) calcula que cerca del 60% del petróleo que se consume en todo el mundo se utiliza para el sector del transporte. De ahí la necesidad de alcanzar cotas de alta eficiencia energética (y baja contaminación, por supuesto) en los medios de locomoción, dando especial prioridad al transporte público frente al vehículo privado.

La concienciación ciudadana

El 27 de mayo se han cumplido 16 años de la Carta de Aalborg, el instrumento que se dieron a sí mismas las ciudades europeas (entre ellas, muchas españolas) para impulsar desde una óptica local la Agenda 21, que aprobaron más de 200 países en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de 1992. Este aniversario es un buen momento para recordar a los municipios españoles su asignatura pendiente con el desarrollo sostenible. Más allá de la efemérides, la concienciación ciudadana requiere una profunda labor de información, de puesta en común de los conocimientos y de análisis por parte de los encargados de difundir el mensaje.

El Congreso Nacional de Medio Ambiente (CONAMA) es, cada dos años, la voz de la conciencia ambiental en nuestro país. En su novena edición, celebrada el pasado mes de diciembre, puso sobre la mesa los puntos débiles de las estrategias medioambientales en los entornos urbano y rural. De sus conferencias se desprendió que las administraciones locales, en general, tienen muy claro cómo avanzar hacia modelos de municipios sostenibles.

Los mimbres de esa estructura son de sobra conocidos: el reciclaje de residuos, la apuesta por una movilidad más racional y con menor protagonismo del vehículo privado, el ahorro energético y de recursos naturales, la reducción de la emisión de gases contaminantes y la protección de la biodiversidad, fundamentalmente. Pero no son suficientes por sí solos sin la participación activa de los habitantes, que no pueden limitarse a ser meros observadores de un proceso que, sin ellos, no llegará a buen puerto.

Cambio global España 2020

La concienciación social es, en este sentido, uno de los aspectos fundamentales para la sostenibilidad, tal y como se puso de manifiesto en el informe Cambio global España 2020. El reto es actuar, presentado durante el referido congreso. Según el documento, el individualismo con el que actúan muchas personas a la hora de organizar sus vidas, malgastando los recursos, es una de las causas de los principales problemas medioambientales. De ahí que se haga un llamamiento a la ciudadanía para firmar un nuevo pacto con el planeta y adoptar nuevos modelos de producción y consumo.

Es aquí donde entran en juego las capacidades de los municipios. Tal y como ha manifestado el comisario europeo de Energía, Andris Piebalgs, la correcta aplicación de las políticas medioambientales que se saben eficaces «depende del éxito que tengan las entidades locales a la hora de comunicar estas ideas a la ciudadanía y su capacidad para implicarla en las acciones que desarrollen». Al fin y al cabo, el impulso de este binomio comunicación-implicación será un instrumento más para lograr el desarrollo sostenible de pueblos y ciudades.

Ayuntamientos coercitivos y persuasivos

Podría decirse que actualmente existen dos escuelas de pensamiento distintas en esta materia: la de los coercitivos, esto es, ayuntamientos que todavía siguen apostando por las multas y las tasas como medio de alcanzar unos resultados que permitan a los políticos presumir de sostenibilidad; y la de los persuasivos, que cada vez está ganando más terreno en las estrategias medioambientales.

Entre los defensores de esta última se encuentra Carlos Verdaguer, arquitecto urbanista de la Red Gea 21, quien sostiene que la apuesta por la participación ciudadana «no debe ser una mera declaración de intenciones, sino una condición para la sostenibilidad urbana ». En este sentido, Verdaguer sostiene que, más allá del principio de subsidiariedad (el tutelaje del ciudadano, en definitiva), la política medioambiental ideal a adoptar por los ayuntamientos debe pasar por «la toma colectiva de decisiones ». La adopción de medidas concretas en materia ambiental ha de tener en cuenta a los ciudadanos, ya que, según el propio Carlos Verdaguer, «son ellos quienes están más al corriente de la dinámica real del entorno en el que habitan. Los ciudadanos tienen una información valiosísima que hemos de ser capaces de incorporar a los proyectos e intervenciones públicas».

De la misma opinión es Félix Arias, director general de la Entidad Pública Empresarial del Suelo (SEPES), dependiente del Ministerio de Vivienda, quien considera que «no sólo debemos actuar desde las administraciones, sino que la gente debe implicarse mediante la participación en la toma de decisiones».


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