Seguridad y Medio Ambiente FUNDACIÓN MAPFRE

Especial Medio Ambiente 2009

1.1 IntroducciónTIEMPO DE ACTUAR

Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, en su toma de posesión: «Aprovecharemos el sol, los vientos y la tierra para hacer funcionar coches y fábricas».

Por primera vez en la historia de las investiduras de presidentes en los Estados Unidos, Barack Obama aludió varias veces en su discurso de toma de posesión a la emergencia permanente en la que sobrevive el ecosistema planetario: «Aprovecharemos el sol, los vientos y la tierra para hacer funcionar coches y fábricas», dijo. Su manifiesta voluntad de cambio incluye hacer retroceder el espectro del calentamiento global. La evidencia de que el mundo ha cambiado no tiene mucho sentido si no va acompañada por el convencimiento de que todos debemos cambiar con él. Y apeló a una nueva era de responsabilidad compartida por todas las naciones.

El sistema que está enfermo es el de la biosfera

La voz del carismático líder ha retumbado con singular estruendo en el foro mundial de quienes abogan por actuar sin pérdida de tiempo. Cada vez los incrédulos son menos, afortunadamente, pero en muchos sectores de la sociedad se sigue actuando sin conciencia aparente sobre las consecuencias que tiene la actividad económica y productiva. Ante la contradicción de que nuestra sociedad niegue con relativa frecuencia lo que pretende afirmar o defender, sólo cabe consolidar la conciencia ciudadana de que el planeta está en peligro y de que es prioritario salvarlo.

Esa contradicción pone en evidencia, además, los esfuerzos que se han hecho en los últimos años para hacer frente al peligro, porque, como decía recientemente el periodista Joaquín Araujo, de WWF-España, «jamás hicimos tanto por la salud del planeta, pero jamás tanto estuvo tan amenazado».

Algunos economistas ya han puesto el grito en el cielo: el coste de no actuar es veinte veces mayor que el de estar actuando. De lo que se deduce que los comportamientos éticos no sirven para nada si no están acompañados de acciones pragmáticas en pro del ecosistema.

Aunque a primera vista parezca todo lo contrario, la actual crisis a la que se enfrenta el mundo podría ser la panacea que aplique las soluciones medioambientales a los problemas globales del planeta. Esto es, una gran oportunidad. Son muchos los analistas y expertos de todo el mundo que piensan así.

Cuatro amenazas en una

Porque, en efecto, la crisis es global, pudiendo observarse cuatro amenazas: la crisis de los mercados financieros, la falta de alimentos básicos, el agotamiento de las fuentes de energía tradicionales y la sobreexplotación de la biosfera.

Pero el componente medioambiental interfiere en todas ellas de manera tan clara que incluso se ha llegado a afirmar que las cuatro crisis son en realidad una sola, la ecológica: «Los problemas medioambientales son la matriz en la que ocurre todo, por lo que el deterioro ambiental es el que produce el deterioro económico», ha dicho Ramón Folch, director general de ERF y una de las más influyentes voces españolas en la materia.

Algunos economistas han evaluado que el coste de no actuar es veinte veces mayor que el de estar actuando; los comportamientos éticos no sirven si no están acompañados de acciones pragmáticas en pro del ecosistema

Cabe pues preguntarse si en el caso de que la evolución del progreso no se hubiera decantado hacia un desarrollo no sostenible y la mayoría de las veces especulativo, y se hubieran atendido las necesidades primarias de la población, utilizando con prudencia y moderación los recursos energéticos del planeta, y consolidando el uso de energías alternativas para el bienestar de todos, nos encontraríamos en la situación actual.

Es el propio Folch quien denuncia el derroche de energía en los países avanzados: «Con menos del 25% de lo que actualmente se consume se podrían conseguir los mismos niveles y estándares de calidad de vida».

Naturalmente, nuestro país no es ajeno a la crisis en el medio ambiente. Por eso se han alzado, desde muchos lugares, desde sus cuatro puntos cardinales y allende el océano, voces instando a las autoridades a intervenir con todos los medios a su alcance, pero, sobre todo, a los ciudadanos, quienes deben erigirse en la conciencia transformadora de la situación.

Porque ya no se trata de denunciar las negligencias de los demás, la pasividad de las administraciones, las excentricidades de particulares y de empresas, los excesos cometidos, sino, en definitiva, de asumir un cambio de prioridades orientado a actuar. Sobre todo, a actuar. Para no llegar tarde. Porque, a pesar de todo, se dice que todavía es posible enderezar la situación.

La sostenibilidad debe convertirse en el paradigma de todas las actuaciones, en el marco que delimite lo que es incorrecto de lo que es imprescindible. Lo importante es que se produzca un cambio sustantivo en nuestro modelo energético, introduciendo nuevos elementos que reduzcan los impactos que sufre la biodiversidad.

Lo importante es que se produzca un cambio sustantivo en nuestro modelo energético, introduciendo nuevos elementos que reduzcan los impactos que sufre la biodiversidad

Y si sabemos que tenemos que cambiar, no es menos importante urgir a los gobernantes a insertar las nuevas orientaciones en los estándares, públicos y privados, del comportamiento. Las estrategias a seguir en medio ambiente son las de «ganar a toda costa», las de aprovechar todas las oportunidades, incluso «la oportunidad que nos brinda la crisis ». Cambiar el metabolismo de la energía que rige al planeta; minimizar la presencia del CO2; asentar las bases de una economía basada en parámetros verdes; inversiones en medio ambiente, políticas crediticias con criterios ecológicos y de sostenibilidad.


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