Aparato Locomotor

VOL.18 Nº3, JULIO/SEPTIEMBRE 2007

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Editorial

Infecciones hospitalarias

Las infecciones hospitalarias suponen un auténtico reto para gerentes, administradores, médicos, enfermeras y, en general, a todo el conjunto de los profesionales hospitalarios. Doscientos cincuenta años después de que Peter Frank evidenciara las enfermedades «adquiridas en el hospital », la infección nosocomial sigue siendo un problema. Se citan como cifras de infección hospitalaria entre el 5-10% de los ingresos, con una distribución similar a la siguiente: urinaria 40%; quirúrgica 25%; respiratoria 15%; cutánea 5% y bacteriemias 10%.

En el Reino Unido se ha publicado que la infección hospitalaria supone un millón de estancias suplementarias por año, con una mortalidad de cerca del 50% en períodos de hospitalización largo y de un 25% en períodos cortos de hospitalización.

El enfermo afecto de una infección hospitalaria presenta tres aspectos importantes: humano, se sobreañade una enfermedad al paciente con aumento de sufrimiento y, a veces, la muerte; social, se alarga su estancia en el hospital y por tanto su reinserción familiar y laboral y al mismo tiempo ocupa una cama que puede precisar otro paciente; económica, al prolongarse la estancia y aparecer una nueva enfermedad, se producen nuevas exploraciones que aumentan los costes de la enfermedad.

El uso indiscriminado de antibióticos, desinfectantes y antisépticos, desembocan en una flora bacteriana multiresistentes, responsable de la infección hospitalaria. Al mismo tiempo el relajamiento de las normas más elementales de Higiene Hospitalaria, convierten al hospital en un marco idóneo para la reproducción de los gérmenes hospitalarios. Se ha dicho de los antibióticos que eran los antitérmicos del siglo XX y, por desgracia, en el XXI la indicación de su prescripción es aún, cuanto menos, poco precisa.

Como respuesta a este problema surgen los Comités de Infecciones con las misiones de prevención de infecciones, análisis de los datos clínicos y microbiológicos de la patología infecciosa en el caso en que se origine, elaborando las normas epidemiológicas adecuadas para evitar al máximo que estos procesos se repitan. La función docente hacia la formación epidemiológica de médicos, enfermeras, auxiliares, etc. ha de ser continuada y viva.

Ha pasado la época del triunfalismo ante las infecciones que supuso el descubrimiento de los antibióticos y el problema ha de considerarse en su justa medida. La infección nosocomial ha de interpretarse como una nueva forma de hospitalismo, con los centros convertidos en nichos ecológicos especializados. Especialización consistente en constituir un riesgo para el paciente, similar al de los enfermos que en tiempos pretéritos ingresaban en el hospital.

Se ha de ser sumamente cuidadoso en las profilaxis quirúrgicas, tan extendidas hoy día, con implantes, prótesis, válvulas, etc. Los protocolos han de entenderse en su justo término, no olvidando al paciente como un todo y diferenciando profilaxis y tratamiento, sobre todo en cuanto a la duración de la prescripción.

Los protocolos no han de hacernos olvidar los principios de Semmelweis y de Lister con relación a la asepsia y antisepsia tan válidos como cuando fueron enunciados.


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