MAPFRE MEDICINA

VOL.17 Nº2, ABRIL/JUNI0 2006

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Enfermedad obstructiva del intestino delgado en el paciente geriátrico: Diagnóstico diferencial

INTRODUCCIÓN

El intestino delgado en el paciente geriátrico se ve afectado, fundamentalmente por procesos obstructivos, inflamatorios, isquémicos, hemorrágicos y neoplásicos. La oclusión total o parcial, es en gran medida, el trastorno más frecuente del intestino delgado en el paciente anciano y está asociado a una significativa morbilidad y mortalidad. Este proceso debe diferenciarse del íleo adinámico reflejo secundario a diversas patologías intra y extraperitoneales y cuya mejoría depende de la resolución de la enfermedad de base. Esta entidad se ve agravada en el paciente mayor por la inmovilidad, estreñimiento, patologías asociadas y la ingesta de múltiples medicamentos fundamentalmente anticolinergicos y psicotropos.

La enfermedad obstructiva primaria o secundaria, en el paciente mayor, debido a los efectos del envejecimiento sobre el intestino delgado, presenta algunas particularidades, por lo que requieren un manejo diferenciado (1).

Con ocasión de haber tratado un paciente de 77 años de edad, con un cuadro de suboclusión intestinal secundaria a estenosis inflamatoria del íleo terminal, hemos decidido realizar este trabajo con el propósito de revisar el diagnóstico diferencial, de la enfermedad obstructiva del intestino delgado, en el paciente mayor, teniendo en cuenta sus particularidades derivadas del envejecimiento.

CASO CLÍNICO

Paciente varón de 77 años de edad, segmentectomía pulmón derecho por carcinoma epidermoide y radioterapia en 1994, ictus en territorio de arteria cerebral media izquierda secundario a embolización de las arterías bronquiales por hemoptisis, con afasia motora, hemiplejía espástica derecha y crisis comiciales como secuelas, intervenido de carcinoma epidermoide de piel labio inferior y cuadro de colecistitis aguda tratada de forma conservadora. Acude a la consulta de geriatría por presentar dolor abdominal de tres meses de evolución, tipo cólico, no relacionado con la ingesta, acompañado de vómitos biliosos, anorexia, pérdida de peso no cuantificada y cambios del ritmo intestinal. En la exploración física destaca un paciente consciente, con hemiparesia derecha y afasia motora.

TA: 110/60, afebril, hidratado y marcada delgadez. Cabeza, cuello y auscultación cardiopulmonar sin alteraciones. Abdomen distendido, depresible, doloroso a la palpación profunda en fosa iliaca derecha, sin signos de irritación peritoneal, sin masas, sin hernias, ni visceromegalias. Hemograma con normalidad de las tres series, VSG: 55/78, coagulación, ionograma, magnesio, calcio, fósforo, función renal, hepática y tiroidea, vitamina B12, ácido fólico, metabolismo del hierro, gasometría arterial y marcadores tumorales (antígeno carcinoembriónico y alfa-fetoproteínas), sin alteraciones. Proteínas totales 8,7 g/l, albumina 3,2 g/l y prealbúmina 14 g/l. Radiografía de tórax: Pérdida de volumen del pulmón derecho a expensas del lóbulo medio en relación a cirugía previa. Radiografía de abdomen: Asas de intestino delgado marcadamente distendidas con niveles hidro-aéreos. Ecografía abdominal: Colelitiasis. Asas de intestino delgado distendidas y con niveles hidro-aéreos. Con impresión diagnóstica de suboclusión intestinal, se inicia tratamiento médico consistente en sueroterápia, reposo intestinal y descompresión gastrointestinal, obteniéndose mejoría. Se realiza enema opaco (Fig. 1), que muestra estenosis de íleon terminal y dilatación preestenótica. Sin descartarse una lesión inflamatoria o isquémica puede tratarse de una lesión neoplásica. En la TAC de abdomen (Fig. 2) y a nivel del íleon terminal se aprecia engrosamiento mural concéntrico y reducción del diámetro de la luz, sin afectación de tejidos adyacentes y dilatación proximal. Puede tratarse de una enfermedad inflamatoria intestinal, tuberculosis o linfoma sin excluirse lesión isquémica o neoformación intestinal primaria. Colonoscopia, sin alteraciones. El paciente es intervenido quirúrgicamente. Tras la laparotomía, se encuentra estenosis única de intestino delgado a nivel del íleon terminal de 4 cm de longitud, a 7 cm de la válvula ileocecal sin otra alteración, por lo que se realiza resección segmentaria y anastomosis latero-lateral, con buena evolución postoperatoria. El estudio histológico de la pieza quirúrgica resultó compatible con enfermedad de Crohn (Fig. 3). Dadas las características clínicas del paciente y la extensión de la enfermedad, no se consideró oportuno tratamiento complementario. El paciente se encuentra libre de enfermedad 6 meses después.

Radiografía de detalle del íleon terminal en que se
advierte estenosis de la luz intestinal por engrosamiento de la
pared y dilatación del asa prestenótica. Figura. 1. Radiografía de detalle del íleon terminal en que se advierte estenosis de la luz intestinal por engrosamiento de la pared y dilatación del asa prestenótica.

TAC de pelvis en la que se aprecia engrosamiento circunferencial de la pared intestinal con franca estenosis de la luz (flecha). Figura. 2. TAC de pelvis en la que se aprecia engrosamiento circunferencial de la pared intestinal con franca estenosis de la luz (flecha).

Microfotografía: H/E x 40. Pared de intestino delgado con afectación inflamatoria transmural. Mucosa hiperémica irregular, de aspecto regenerativo. Obliteración muscular de la submucosa. Todo compatible con enfermedad de Crohn. Figura. 3. Microfotografía: H/E x 40. Pared de intestino delgado con afectación inflamatoria transmural. Mucosa hiperémica irregular, de aspecto regenerativo. Obliteración muscular de la submucosa. Todo compatible con enfermedad de Crohn.

DISCUSIÓN

La enfermedad obstructiva del intestino delgado parcial o total, es secundaria a lesiones primarias o secundarias del intestino delgado. En el paciente geriátrico, el 53% de los casos son debidos a procesos herniarios, el 39% a adherencias, el 3% a neoplasias y el 6% a otros procesos, fundamentalmente inflamatorios (2).

Hernias

Con la edad se incrementa la presencia de hernias tanto externas como internas. Este incremento es debido al aumento de la presión abdominal por estreñimiento, síndrome prostático, tos crónica y laxitud de los tejidos o por cirugía previa en el caso de las hernias internas o incisionales.

La incidencia de hernia de la pared abdominal en el paciente varón mayor de 65 años es de 13 por 1000 y la incidencia en mujeres es de 4 por 10000 (3).Cerca del 20% de las intervenciones de hernia en el paciente anciano, se realizan de urgencia por incarceración y obstrucción intestinal. De estos, el 30% requieren resección intestinal por estrangulación. La hernia inguinal indirecta y la crural son las hernias más proclives incarcerarse (4).

Las hernias incisionales en el paciente mayor, constituye un motivo importante de patología obstructiva total o parcial, del intestino delgado, ya sea por adherencias o por incarceración de asas, lo que conlleva una morbilidad nada desdeñable, pero que en el paciente anciano se suele subestimar.

Las hernias internas son mucho más frecuentes en el paciente geriátrico y constituyen el 5% de los casos de obstrucción intestinal (2). La mayor parte de estas hernias se producen a través de defectos mesentéricos que se establecen tras cirugía abdominal. En ocasiones producen cuadros clínicos de difícil diagnóstico diferencial con otros procesos obstructivos.

La hernia obturatriz, es una entidad rara en la población general, no así en el paciente anciano. Suele encontrarse en pacientes muy debilitados. Son debidas a la relajación de la musculatura pélvica, pérdida de la grasa extraperitoneal, multiparidad y al aumento de la presión intraabdominal. Puede generar un cuadro obstructivo, pero como habiualmente no presenta manifestaciones externas no se sospecha, por lo que el diagnóstico no se establece hasta el momento de la intervención en más del 60% de los casos. El 50% de estos casos requiere resección intestinal con una mortalidad operatoria hasta del 20% (5,6).

La hernia inguinoescrotal se encuentra con mayor frecuencia en el anciano, es de larga evolución y contiene habitualmente gran parte de las vísceras abdominales, son difíciles de reducir por lo que en no pocos casos plantean verdadaderos problemas de diagnóstico diferencial con otros cuadros obstructivos (7).

La hernia crural afecta fundamentalmente a la mujer mayor. Generalmente cursa asintomática. Con frecuencia, hasta en un 75% de los casos, la oclusión o suboclusión intestinal por incarceración, es el primer signo de hernia crural en este grupo de edad (7). La reducción forzada puede llegar a causar perforación del asa incarcerada o estrangulada, que por las características del dolor en el paciente de edad avanzada, a menudo no manifiesta signos de inflamación peritoneal.

Los avances actuales de las técnicas anestésicas y quirúrgicas, el uso de prótesis (mallas) que permiten técnicas de reparación sin tensión, ofrecen una mayor seguridad y eficacia a los procedimientos quirúrgicos. El paciente anciano, es el que más se beneficia de estos avances. En contraste con los buenos resultados tras la intervención programada, la operación de urgencia conlleva una morbilidad superior al 50% y una mortalidad hasta del 14% de los casos (8). Por lo que en la actualidad está indicada la reparación programada que implica un mínimo riesgo, ya que como hemos visto, la reparación de urgencia se acompaña de una morbi-mortalidad excesiva. Sin embargo, esta patología en este grupo de pacientes está muy infravalorada y habitualmente no se le da la importancia clínica que representa, hasta el punto de que más del 70% de los paciente portadores de hernia no se les remite para corrección quirúrgica (9).

Adherencias

Las adherencias postoperatorias constituyen el 80% de los casos de oclusión o suboclusión intestinal por adherencias y el 20% restante son de carácter inflamatorio, como peritonitis bacteriana, diverticulitis, apendicitis, enfermedad pélvica antigua o a infecciones primarias como tuberculosis (4). Con frecuencia, los signos y síntomas de la infección subyacente en el paciente mayor, son tan sutiles que no puede sospecharse el diagnóstico correcto hasta que sobreviene la obstrucción.

Neoplasias

El intestino delgado constituye el 75% de la longitud y el 90% de la superficie de todo el tracto digestivo, no obstante los tumores malignos son raros y sólo constituyen entre 1 y 2% de todos los cánceres de origen digestivo (10). En ancianos, esta incidencia relativa es incluso menor. En una serie de pacientes mayores de 80 años de edad, sólo una de las 140 lesiones malignas del tubo digestivo se originó en el intestino delgado (11). En el íleon terminal, el tumor carcinoide es la neoplasia maligna más frecuente en el paciente geriátrico (58,6%), seguido por el adenocarcinoma (19,5%), sarcoma (17,2%) y linfomas en el 4,5% de los casos, mientras que en el paciente joven el adenocarcinoma es el más frecuente (12). En el anciano, el adenocarcinoma y el sarcoma, tienen peor pronóstico, ya que la supervivencia es de tan sólo del 20% y del 25%, respectivamente (13).

La presentación clínica de las lesiones malignas en el paciente mayor, habitualmente son inespecíficas, se solapan con otras patologías, por lo que generalmente no se sospechan y consecuentemente el diagnostico se establece después de mucho tiempo. El síntoma más frecuente es el dolor abdominal que se presenta entre el 50% y el 80% de los casos, seguido por pérdida de peso, masa abdominal o síntomas obstructivos o pseudoobstructivos (7).

Otra de las entidades a considerar en el diagnóstico diferencial de los cuadros oclusivos y suboclusivos en el paciente mayor, es la enfermedad metastásica de la cavidad peritoneal. Generalmente, las metástasis peritoneales provienen de lesiones malignas de colon, páncreas, estómago, aparato genital, mama, pulmón y melanomas (1,7). En estos casos, las lesiones obstructivas totales o parciales, son a menudo multifocales, por lo que en la mayoría de los casos sólo es posible la derivación. La tasa de mortalidad operatoria en el aciano tras estas intervenciones es superior al 35% (14), por lo que la decisión de intervenir quirúrgicamente a estos paciente es particularmente difícil. Sin embargo, los antecedentes de enfermedad maligna no siempre son la causa del proceso obstructivo, pues hasta en un 38% (1) de los pacientes en quienes se sospecha oclusión maligna, se encuentra una lesión benigna como causa del proceso.

Los tumores benignos del intestino delgado como adenomas, leiomiomas y lipomas pueden ser también objeto de diagnostico diferencial de cuadros oclusivos o subooclusivos de intestino delgado, ya que pueden ejercer como eje de invaginaciones (1).

Lesiones inflamatorias

Las lesiones inflamatorias del intestino delgado, pueden ser objeto de diagnóstico diferencial de los cuadros oclusivos o suboclusivos en el paciente mayor. Entre los procesos inflamatorios cabe destacar, ante todo, la apendicitis aguda.

La apendicitis agua es la patología quirúrgica de urgencia más frecuente. En el paciente geriátrico representa, aproximadamente el 10% de las operaciones urgentes (15). Es una enfermedad grave en el paciente mayor, pues su mortalidad puede alcanzar hasta el 15% (16). Las complicaciones de la apendicetomía, que se presentan hasta en un 20% (15) en la población general, son más frecuentes en el paciente anciano. A esta elevada morbilidad contribuyen las enfermedades concomitantes, retraso en el diagnóstico por que no se sospecha y demora en la decisión quirúrgica. Por estas razones, se intervienen procesos muy evolucionados como apendicitis perforada y gangrena apendicular. A ello contribuye las modificaciones anatómicas propias de la edad, como el ensanchamiento de luz apendicular, alteraciones estructurales de la pared y déficit en la irrigación arterial por la arterosclerosis.

Habitualmente, el cuadro de apendicitis aguda en el paciente geriátrico es atípico. En general, el cuadro clínico tiene un comienzo más solapado y evoluciona, con síntomas atenuados, hacia una de las formas anatomo-clínicas propias de los ancianos, que no son más que la expresión del desarrollo local prolongado del proceso. Se describen dos modalidades: La forma oclusiva, como consecuencia del atrapamiento del intestino delgado en el proceso inflamatorio y la forma tumoral debido a la presencia de un plastrón, de evolución lenta, que imita a un cáncer de ciego o colon ascendente.

Existen dos picos máximos de incidencia de la enfermedad inflamatoria intestinal (colitis ulcerosa y enfermedad de Crohn). El primero en el tercer decenio de la vida y el segundo en el séptimo decenio. Se presenta por primera vez después de los 60 años, aproximadamente en el 20% y después de los 70 años, en el 10% de los casos (17), como el caso que presentamos.

La enfermedad de Crohn en el anciano, presenta algunas características particulares en relación a otras edades: Afecta principalmente al sexo femenino, compromete íleon terminal, colon derecho y colon distal en casi el 90 % de los casos, es muy rara la afectación extensa del colon y del intestino delgado, los síntomas suelen ser inespecíficos por lo que no se sospecha y consecuentemente el diagnóstico habitualmente es tardío, tienen buena respuesta al tratamiento, presentan tasas bajas de recidiva y mortalidad (18). El 90% de los pacientes con enfermedad en el intestino delgado, tienen afectado el íleon terminal (19).

Los síntomas de la enfermedad de Crohn, son muy variados, abarcan desde dolor abdominal intenso, hasta anorexia pertinaz o fiebre prolongada. El dolor abdominal es el síntoma más frecuente en un 60% (19) de los casos, generalmente localizado en fosa iliaca derecha y/o hipogastrio, es de tipo cólico debido a la estenosis del ilion terminal. La oclusión u suboclusión intestinal es una característica importante en la historia natural de la enfermedad de Crohn, tanto que debe descartarse siempre ante un dolor abdominal mantenido en el tiempo.

En los períodos iniciales de la enfermedad, la combinación de edema y contractura de la pared intestinal, produce dolor post-prandial, por el paso del alimento por una zona estrecha. Posteriormente, esta inflamación evoluciona hacia una estrechez fibroestenótica. Los pacientes manifiestan cuadros oclusivos o suboclusivos intermitentes (20), como los que presentaba nuestro enfermo.

La pérdida de peso se presenta en el 50 al 70% de los casos. La pérdida de peso, la anorexia, la anemia y fiebre, traducen afectación intestinal, debido a mala absorción, fístulas y abscesos. En más del 30% de los casos, se presentan síntomas perianales causados por fisuras tórpidas, fístulas y abscesos de repetición que en ocasiones anteceden a los síntomas abdominales (19,20). Nuestro paciente, refería marcada anorexia con pérdida de peso, pero sin alteraciones perianales. En la exploración física, lo más característico es la distensión abdominal y sensación de masa dolorosa en fosa iliaca derecha e hipogastrio, debido a la inflamación del ilion terminal. Sin embargo, en la práctica en el paciente mayor, la exploración es inespecífica, de manera que el diagnóstico en muchos casos es por exclusión, como ha ocurrido en nuestro caso.

Las manifestaciones extraintestinales de la enfermedad de Crohn, a nivel ocular, osteoarticular y hepático, nos permite también, orientar el diagnóstico diferencial ante cuadros abdominales con sospecha de obstrucción o pseudobstrucción.

En el proceso diagnóstico de la enfermedad de Crohn, los estudios con contraste son esenciales ya que nos permiten valorar extensión, severidad y complicaciones asociadas. En el colon, se puede apreciar edema, rigidez, estenosis y fístula. El tránsito intestinal, permite apreciar engrosamiento de la pared y estrechamiento endoluminal largo o corto. Cuando la estenosis es larga se conoce como “el signo de la cuerda”. La estenosis corta asociada a dilatación proximal, como la que presentaba nuestro enfermo, se correlaciona con estenosis severas y requieren habitualmente corrección quirúrgica. Estas estenosis cortas pueden ser solitarias o múltiples. La estenosis corta y única, como en nuestro caso, suele afectar al íleon terminal en 30% de los caso (21).

Otro aspecto radiológico, es el compromiso asimétrico del segmento afecto. Esta imagen es muy sugestiva de enfermedad inflamatoria, pero no específica, ya que puede verse en otros procesos como mesenteritis retráctil, linfomas, tumor carcinoide, metástasis, escleroderma , enteritis isquémica, tumor inflamatorio miofibroblástico mesentérico o enfermedad de Crohn apendicular.

Cuando la afectación está confinada al colon, la repuesta al tratamiento medico en el anciano es excelente, por el contrario cuando la enfermedad compromete al íleon, como en nuestro caso, la respuesta es menos eficaz y en consecuencia, en estos casos está indicado el tratamiento quirúrgico. En el trabajo de Fabricus y Col (18), el 86% de los pacientes, con esta distribución de la enfermedad requirieron tratamiento quirúrgico. A pesar de la edad, el paciente mayor suele tolerar bien estas intervenciones, con una posibilidad de recidiva cinco veces menor que los pacientes más jóvenes y una tasa de mortalidad en torno al 10% (17). Con estos argumentos, se tomó la decisión de intervenir quirúrgicamente a nuestro paciente.

La obstrucción del intestino delgado por obturación de la luz, en la población general, es una eventualidad rara, pero en el paciente mayor cobra una gran importancia, hasta el punto de que debe sospecharse siempre ante un cuadro oclusivo o suboclusivo en esta edad. Los bezoares y los cálculos biliares son las causas más frecuentes de obturación intestinal, por impactación a nivel del íleon distal.

Los bezoares constituyen entre el 2 y 3% de las causas de obstrucción intestinal, porcentaje que se ve incrementado tras vagotonía y piloroplástia . En el paciente anciano estos porcentajes son mayores, debido a las deficiencias en la masticación, hipoclorhidria y trastornos de la motilidad gástrica (22).

El íleo biliar es causa de obstrucción intestinal, en la población general, entre el 1 y el 3% de los casos. Sin embargo, en el paciente mayor de 65 años asciende hasta en el 25% de los casos y se produce con una proporción entre mujeres y hombres de 4:1 (23). Aunque el 100% de los pacientes presentan colecistitis crónica en el momento del diagnóstico, sólo la mitad han tenido cólicos biliares. La mayoría de estos pacientes presenta dolor abdominal intermitente, vómitos y distensión abdominal compatibles con oclusión intestinal parcial, como los síntomas que presentaba nuestro enfermo. No obstante, tras la impactación del cálculo o cálculos, sobrevienen los síntomas de oclusión intestinal completa. En el paciente mayor los síntomas iniciales de íleo biliar, son inespecíficos, por lo que no se sospecha y el diagnóstico preoperatorio se difiere, con un mayor deterioro del paciente ya de por si muy debilitado (23).

La tuberculosis primaria de intestino delgado es muy rara, generalmente es secundaria a diseminación hematógena de primoinfección pulmonar y afecta principalmente el íleo terminal. Puede manifestarse, por dolor abdominal, anorexia y pérdida de peso, debido a estenosis, oclusión o incluso perforación intestinal. Por lo que debe sospecharse, ante un dolor abdominal prolongado con repercusión sistémica y estenosis del íleon terminal, como el cuadro que presentaba nuestro enfermo, no obstante, el antecedente epidemiológico y la prueba de tuberculina nos ayudan a confirmar la sospecha (7).

La lesiones inflamatorias del intestino delgado inducidas por radiación, produce una vasculitis obliterante progresiva, con esfacelos y ulceración de la mucosa intestinal que progresa a fibrosis y atrofia de la pared intestinal. En el paciente anciano, estas lesiones se ven agravadas por la presencia de ateroesclerosis, hipertensión y diabetes. Como consecuencia sobrevienen estenosis, adherencias, perforaciones y fístulas. Las estenosis y adherencias pueden manifestarse, como cuadros obstructivos o pseudobstructivos secundarios a enteritis radica (24).

Hematomas

Los hematomas intramurales debidos a traumatismos cerrados o a tratamientos anticoagulantes –muy frecuentes en pacientes ancianos– pueden producir grados variables de obstrucción intestinal, muy difícil de diagnosticar, por lo que se precisa de un alto índice de sospecha y sobre todo, tener en cuenta el antecedente traumático o el tratamiento con anticoagulantes como acecumarol, ximelogastram o heparina (7).

Enteropatía isquémica

Las enteropatías isquémicas, son producidas por arteriopatía crónica oclusiva de la arteria mesentérica, generalmente debido a arteroesclerosis. La isquemia mesentérica crónica es un entidad relativamente frecuente en la edad geriatrica y se manifiesta habitualmente por dolor abdominal postprandial (angina abdominal), pérdida de peso y trastornos de la motilidad intestinal. Los trastornos de la motilidad intestinal se manifiestan por cuadros suboclusiovos debido a estenosis isquémica de la parede intestinal. A pesar de su relativa frecuencia en el paciente anciano, debe sospecharse tras descartar otras causas más frecuentes de dolor abdominal y pérdida de peso (25).

Aspectos diagnósticos

El diagnóstico de obstrucción puede hacerse en el 50 al 60% de los casos mediante una buena historia clínica, una cuidadosa exploración física, una analítica básica y un estudio radiológico del tórax y abdomen en diversas proyecciones (1).

Es frecuente observar en el paciente anciano, un cierta disparidad entre los aspectos clínicos y los análisis de laboratorio; no es raro encontrar un paciente con un defensa abdominal importante y uno valores de laboratorio casi entre límites normales. Con todo, la evaluación clínica del dolor abdominal de etiología obstructiva, en el paciente anciano, tiene más importancia que las pruebas de laboratorio en la decisión de realizar pruebas especiales o de precisar intervención quirúrgica.

Un de los problemas más importantes a resolver en el diagnóstico diferencial de los procesos obstructivos, es de la oclusión con o sin estrangulación, por lo que es preciso recurrir a todos los medios diagnósticos dado que el tratamiento precoz es de importancia vital (1).

La ecografía es útil en el diagnóstico diferencial de dolor abdominal, por que permite descartar colecistitis, apendicitis, patología ginecológica y lesiones ocupantes de espacio, que puedan ocasionar íleo reflejo. Cuando se sospecha estenosis son de utilidad las pruebas con contraste (26)

La TAC y la RM, son pruebas de gran utilidad en el diagnóstico diferencial de los cuadros oclusivos y subcoclusivos del intestino delgado, por que permite evaluar la etiología, el grado y la gravedad de la obstrucción. La posibilidad de demostrar directamente la pared intestinal, órganos abdominales vecinos, mesenterio y retroperitoneo, permite el diagnostico de la obstrucción y sus complicaciones. Pueden también, demostrar engrosamiento de la pared intestinal, inflamación del mesenterio, cambios vasculares, tumoraciones, abscesos y adenopatías mesentéricas. También pueden demostrar hidronefrosis, cálculos biliares y cálculos en vías urinarias (27).

La endoscopia es importante en los casos suboclusivos. Se precisa para biopsiar lesiones sospechosas, como estenosis, ulceras o masas. La intubación de la válvula ileocecal durante la colonoscopia permite el examen y biopsia del íleon terminal. Si se descarta malignidad puede optarse por dilatación con globo a través del endoscopio. Las estenosis más adecuadas para ser tratadas por endoscopia son las cortas, aisladas y con signos de inflamación leves (28).

Tratamiento

El tratamiento de la oclusión intestinal depende del grado de la obstrucción, de la situación clínica del paciente y del riesgo de estrangulación. La obstrucción parcial, se resuelve en 24 a 48 horas, mediante descompresión con sonda nasogástrica en el 80% de los casos (1). Tras la resolución deben hacerse todos los estudios necesarios para establecer la etiología. La oclusión completa, por otra parte, requiere intervención quirúrgica en el 80% (1) de los casos. Desafortunadamente, a causa de la falta de marcadores precisos, en la población general se hace el diagnóstico correcto de estrangulación antes de la intervención tan sólo en el 25% de los casos (29). En el paciente mayor, debido a que el cuadro clínico es confuso, este porcentaje es aún menor. Se han estudiado diversos marcadores, sin que se haya encontrado alguna prueba que permita discriminar entre la oclusión mecánica con y sin estrangulación (1). Por tanto es de importancia capital no diferir la intervención quirúrgica en el paciente mayor, ya que se ha confirmado que en esta edad es necesaria la resección intestinal por estrangulación hasta en el 50% de los casos, mientras que en los pacientes jóvenes sólo es preciso en el 8% (2,14).

CONCLUSIÓN

Los trastornos obstructivos del intestino delgado en el paciente anciano, sean primaros o secundarios, son frecuentes y se caracterizan por manifestaciones vagas y signos confusos. El diagnóstico habitualmente es tardío, por que no se sospecha, por lo que suele retrasarse el inicio del tratamiento, causando una alta tasa de morbimortalidad. No obstante, es posible un tratamiento oportuno con buenos resultados, en tanto que se conozcan las particularidades de presentación de estos trastornos en el paciente mayor y se adopte una actitud activa ante las manifestaciones iniciales, dado que la edad, no es suficiente argumento para rechazar un tratamiento potencialmente útil.

AGRADECIMIENTO

Agradecemos la colaboración de la Dra. María Luisa González Morales, por su aportación en el estudio histológico de la pieza quirúrgica.

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X CURSO DE PATOLOGÍA OCUPACIONAL RESPIRATORIA 27, 28 y 29 de noviembre de 2006 Sala de actos - Pabellón Docente Hospital General Universitario Vall d'Hebron (BARCELONA) Horario: mañana y tarde (días 27 y 28) / mañana (día 29)
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