Aparato Locomotor

VOL.17 Nº2, ABRIL/JUNI0 2006

ImprimirImprimir

Editorial

Control de las prescripciones

Las enfermedades infecciosas han sido uno de los mayores azotes de la humanidad. Las epidemias forman parte de la historia universal: la peste llega a Europa en tiempos de Justiniano, traída por los egipcios; la lepra se introduce en Francia tras las Cruzadas; la sífilis se atribuye a los españoles tras el descubrimiento de América.

Hace cien años, el médico se encontraba con mínimas posibilidades frente a las infecciones, pues el resultado final venía determinado por la interacción de dos naturalezas enfrentadas en la lucha por la supervivencia: el hombre infectado y el germen infectante. Girolamo Frascatoro, en 1546, describe tres mecanismos de contagio en las infectopatías: per contactum, per fomiten y per distaris. En el siglo XVIII Spallanzoni demuestra la posibilidad de exterminar infusorios y protozoos del agua con la ebullición de la misma y Jenner comienza con las «vacunaciones». España, con la expedición de Francisco de Balmis, organiza la primera acción de medicina preventiva y social en el mundo.

En el siglo XIX se describen por Semmelweis la asepsia y por Sister la antisepsia; culmina este devenir histórico con la entrada en la era antibiótica en 1939, mediante el empleo de la penicilina, descubierta en 1928 por Fleming.

En la actualidad, se dispone de un amplio número de antibióticos que, en ocasiones, se usan de forma no demasiado correcta. Se llegó a denominar a los antibióticos como los antitérmicos del siglo XX, queriendo señalar con ello que el tratamiento que se realizaba con antibióticos no siempre era necesario y debemos recordar que todo fármaco modifica el funcionamiento del organismo y éste a su vez puede introducir algunos cambios en la estructura química del medicamento. El fármaco ideal sería aquel activo frente al agente invasor, sin afectar para nada el funcionamiento del huésped.

El uso masivo e inadecuado de los antibióticos ha dado lugar a la aparición de resistencias adquiridas, afortunadamente no como fenómeno universal.

Tenemos el dudoso honor de ser uno de los países desarrollados con mayor consumo de antibióticos. A finales del siglo XX, ocupábamos el segundo lugar en consumo y en la aparición de resistencias de gérmenes habituales frente al antibiótico de elección en décadas pasadas.

La utilización de antibióticos no tiene el mismo significado en los pacientes hospitalarios como en los pacientes ambulatorios. En el hospital, las comisiones de infecciones, las políticas de rotación de antibióticos, los fármacos de reserva, etc. han supuesto una racionalización del consumo y, sobre todo, las indicaciones terapéuticas basadas en cultivos y antibiogramas, datos sobre resistencias bacterianas y mapas con las infecciones y gérmenes habituales que facilitan el uso del antibiótico a las dosis precisas.

A nivel ambulatorio existe un consumo exagerado de antibióticos con una indicación no siempre racional de la prescripción, e incluso la posibilidad de adquisición en una oficina de farmacia sin recta médica. Desde las sociedades científicas se ha pedido reiteradamente a la administración sanitaria políticas de racionalización en el uso del medicamento, incluyendo los antibióticos. No olvidemos que el 40% de las causas de las consultas en Asistencia Primaria, son enfermedades infecciosas.

Consideramos que deben abordarse políticas de prescripciones terapéuticas sustentadas por la Medicina basada en la evidencia; para ello se debería actuar en varios campos.

A nivel médico con una formación en Farmacología y Terapéuticas en la licenciatura actual y que abarque aquello que será necesario en la vida profesional. Los recortes en ambas asignaturas en las Facultades de Medicina no son una fuente de conocimiento sino más bien un origen de problemas.

Los médicos en ejercicio han de tener en cuenta que no todas las enfermedades infecciosas son susceptibles de tratamientos con antibióticos y seguir las indicaciones de políticas antiinfecciosas en las áreas de salud.

Los pacientes, en general, han de ser informados de las consecuencias de la automedicación y de que las dosis no terapéuticas consumidas no son nada mas que una forma de crear resistencias antimicrobianas.

Los farmacéuticos, como profesionales sanitarios, no deben dispensar ningún antibiótico sin la correspondiente receta médica e insistir en el cumplimiento, por parte de los pacientes, de las dosis e intervalos entre las mismas así como la duración del tratamiento. Pueden y deben, colaborar en las políticas sobre uso racional del medicamento.

La Administración Sanitaria es decisiva en todos los aspectos señalados más arriba: las campañas divulgativas dirigidas a la población; controlar las dispensaciones de fármacos en las oficinas de farmacia; colaborar con las Sociedades Científicas, en la publicación de guías, folletos, etc. que se distribuyan a los médicos de atención primaria; implantar políticas de antibióticos en medicina ambulatoria; control de los antibióticos en veterinaria, fuente de resistencias.

No podemos permitir que nuestro país tenga un 44% de resistencias de neumococos frente a penicilina y Bélgica el 2%. Algo no estamos haciendo bien. En un mundo globalizado y con las facilidades del transporte, los gérmenes están siendo exportados a otros países, aumentando las resistencias. Aún estamos a tiempo de impedirlo.


Icono de conformidad con el Nivel Doble-A, de las Directrices de Accesibilidad para el Contenido Web 1.0 del W3C-WAI