El envejecimiento de la población mundial es un fenómeno claramente constatable que en un futuro cercano tendrá múltiples efectos sobre el ámbito del trabajo y las empresas. La metodología de la Gerencia de Riesgos puede jugar un importante papel a la hora de afrontar este riesgo contemporáneo.
Autores: RAFAEL PASCUAL CAMINO. MAPFRE Caución y Crédito.
CRISTINA LINARES CALPE. SegurCaixa Holding, VIDACAIXA, S.A.
Una preocupación que pervive de forma continua junto al ser humano es la conservación de la vida. Si bien no sabemos lo que ocurrirá cuando ya no tengamos este preciado don, las actividades que se realizan día a día persiguen disponer de la máxima cantidad y su disfrute con la máxima calidad. El interés por la vida y el envejecimiento han estado presentes a lo largo de la historia de la humanidad. Destacan dos aspiraciones que, a través de diversas culturas y momentos, reflejan bien la preocupación por la prolongación de la vida: la inmortalidad y la búsqueda de la longevidad. Todavía perduran los mitos como el «elixir de la eterna juventud» buscado por los alquimistas o la «fuente de la vida». Ciertos vestigios de estos mitos perviven en la sociedad actual: consumo de vitaminas, cosméticos anti-edad, dietas especiales, programas de ejercicio físico, cirugía estética…
Además de ocuparse de la longevidad y la eterna juventud, los pensadores, durante siglos, han mostrado interés por comprender el proceso de envejecimiento y los problemas de la edad avanzada. Las antiguas civilizaciones de China, India y la zona del Mediterráneo oriental dedicaron gran atención a este tema. Pero también lo hicieron los griegos y romanos, más tarde. Otros filósofos, como Platón y Aristóteles, cuyos pensamientos han jugado un importante papel en la cultura europea, hicieron grandes aportaciones sobre el tema. A modo de ejemplo, en la Edad Media, de un lado, se concibe la vejez como la edad del equilibrio emocional y de la liberación de la sujeción a los placeres mundanos, mientras que de otro, se ve como una etapa de decadencia.
En cuanto a los aspectos psicológicos que inciden en la longevidad, se podrían citar tanto las habilidades intelectuales, la memoria, el aprendizaje, la adaptación y su relación con el nivel de actividad y satisfacción con la vida, como las actitudes y acciones del individuo en interacción con su entorno, ya que cada vez se va haciendo más difícil mantener la integración personal, retrayéndose de las actividades con un grado creciente de dependencia de los que le rodean.
DURANTE SIGLOS, LOS PENSADORES, ADEMÁS DE OCUPARSE DE LA LONGEVIDAD Y DE LA ETERNA JUVENTUD, SE HAN INTERESADO POR SABER DEL PROCESO DE ENVEJECIMIENTO Y DE LOS PROBLEMAS DE LA EDAD AVANZADA
Durante los últimos siglos, el avance de la medicina ha dotado al hombre de armas para luchar contra enfermedades que eran capaces de arrasar incluso civilizaciones completas. Esta lucha no ha terminado aún, pues existen enfermedades contra las que no existe cura, y gran parte de la población del planeta no tiene acceso a los medicamentos.
Según las leyes de la naturaleza, es inevitable que todas las cosas vivas cambien con el tiempo, tanto en estructura como en su función. En el proceso de envejecer ocurren cambios progresivos en las células, en los tejidos, en los órganos y en el organismo en su conjunto. Lo que prevalece es que la vejez es resultado inevitable del deterioro orgánico y mental. Tal deterioro se hace visible a mitad de la vida. Las investigaciones señalan que se empieza a envejecer antes de los 65 años. Ya a la edad de 40 años se observa un declive en la energía física, aumentando también la susceptibilidad a las enfermedades e incapacidades.
En este sentido, parece inevitable mencionar que el organismo humano pasa a lo largo de un ciclo que comprende la concepción, cuya esperanza de vida es máxima, el nacimiento, las etapas de la niñez y de la adolescencia, la plenitud, el declive y la muerte.
Desde un punto de vista demográficomatemático, la esperanza completa de vida al nacer se define como la esperanza matemática de la variable aleatoria edad de muerte, X, definida ésta dentro del conjunto de los números reales positivos de cero a infinito, aunque en las construcciones prácticas se acepta la existencia de una edad límite, w. Si la variable edad de muerte es una variable discreta, a la esperanza de vida se la denomina esperanza de vida reducida (ex). Sería el número completo de años que espera vivir una persona que ha alcanzado la edad x.
LA ESPERANZA DE VIDA HA CRECIDO DE FORMA ESPECTACULAR EN LOS ÚLTIMOS SIGLOS A CAUSA DE LOS AVANCES PRODUCIDOS EN LA CIENCIA, LA AGRICULTURA Y LA INDUSTRIA
Como resultado de todos estos cambios, la esperanza de vida y la población experimentan un formidable crecimiento, pero de forma desigual a lo largo del planeta, puesto que aún existen notables carencias en muchos países subdesarrollados y en vías de desarrollo. Este aumento de población habría sido más acusado de no ser por la elevada mortalidad infantil, las hambrunas y las epidemias.
Por lo que respecta a la esperanza de vida en España en el siglo XX, su aumento ha sido muy notable, ya que ha pasado de 34,7 años en 1900 a 78,7 en 1998. En el caso de los varones, el aumento ha sido de 33,8 a 75,2 años, y en el de las mujeres, de 35,7 a 82,1 años. El incremento de la esperanza de vida es más importante en el primer tercio de siglo, debido a la mejoría en las condiciones de vida. Por otra parte, durante el último tercio de siglo, la mejora de esta variable se puede atribuir a las mejoras en la técnica sanitaria y el acceso a la misma, así como a la puesta a disposición de los servicios y prestaciones sociales universales, culminación del estado del bienestar.
Esperanza de vida en España en el siglo XX
Fuente: INE.
EN EL PERIODO COMPRENDIDO ENTRE 1900 Y 1998, LA ESPERANZA DE VIDA EN ESPAÑA HA PASADO DE 34,7 A 78,7 AÑOS
Se puede observar que existen recesiones de esta variable durante las décadas de 1910- 1920 y 1930-1940, atribuibles, en gran parte, a la pandemia de gripe de 1918 y a la Guerra Civil acaecida entre 1936 y 1939, que afectó de forma más acusada a los varones. Desde 1950 en adelante no se observa ninguna caída en la esperanza de vida. Es más, su tendencia es continua pero de moderado crecimiento. Ello lleva implícito un descenso de la mortalidad, gracias a la mejora en tratamientos y prevención de enfermedades. Así, las reducciones en las tasas de mortalidad no se producen hasta después de la Primera Guerra Mundial, esto es, casi un siglo después que en otros países europeos. De igual forma, la caída de la fecundidad también se produjo con retraso en España, pues tuvo lugar unos años antes de la Guerra Civil.
EL ‘BABY-BOOM’ SE INICIÓ EN ESPAÑA EN 1955, DIEZ AÑOS DESPUÉS QUE EN EL RESTO DE EUROPA, DEBIDO A LA LARGA POSGUERRA VIVIDA EN NUESTRO PAÍS
El principal efecto de todo esto fue el propiciar un aumento considerable de la población, gracias sobre todo al descenso de la mortalidad infantil. Traducido en cifras, la población aumenta 10 millones de personas aproximadamente desde 1900 hasta 1950, desde 20 millones hasta 30 millones de personas. Sin embargo, al final de este periodo ya se puede comenzar a observar un ligero proceso de envejecimiento demográfico, al empezar a aumentar la proporción de personas mayores de 65 años.
El baby-boom, fenómeno totalmente inesperado desde un punto de vista demográfico, se inicia en España en 1955, diez años después que en el resto de Europa, debido a la larga posguerra vivida. Lógicamente, este aumento de la fecundidad supuso un freno en el proceso de envejecimiento que ya empezaba a observarse. También el inicio de la caída de la fecundidad que siguió al baby-boom aconteció en España con retraso. La tasa de fecundidad se mantiene en torno a un 3,0 hasta finales de los años setenta, cuando comienza a caer en picado hasta situarse a mediados de los años noventa por debajo de 1,5.
En cuanto a la esperanza de vida en el siglo XXI, se observa, en la siguiente tabla, la misma línea creciente, sin interrupción alguna. En 2002, los varones alcanzaban casi los 77 años de edad, mientras que las mujeres llegaban a los 83 años, suponiendo una diferencia de 6 años. Las previsiones para 2025 muestran cómo los varones lograrán sobrepasar los 80 años y las mujeres los 86 años de edad. La diferencia no se reduce entre ellos. No hay diferencias significativas con las previsiones a cinco años después.
| Año | Varones | Mujeres | Diferencia |
|---|---|---|---|
| 2002 | 76,63 | 83,36 | 6,73 |
| 2010 | 78,34 | 84,79 | 6,45 |
| 2015 | 79,23 | 85,54 | 6,30 |
| 2020 | 79,84 | 86,04 | 6,20 |
| 2025 | 80,37 | 86,48 | 6,12 |
| 2030 | 80,89 | 86,92 | 6,03 |
Fuente: Proyección INE en base al Censo 2001
La teoría de la transición demográfica define unas etapas, de duración variable según las poblaciones, por las que éstas han de ir pasando necesariamente desde el modelo demográfico tradicional al actual. Este proceso comienza a finales del siglo XVIII o mediados del siglo XIX en los países que están industrializándose, y termina en los años 60 o 70 del siglo XX. Las dos variables que se consideran en el modelo son la natalidad y la mortalidad, así como su diferencia, el crecimiento natural.
El modelo parte de una etapa en la que una población presenta tasas muy altas tanto de natalidad como de mortalidad, con lo que el crecimiento es débil; esta etapa se va a denominar preindustrial o antigua y concluirá en una última fase en la que ambos parámetros son, por el contrario, muy bajos, siendo también el crecimiento igualmente débil o incluso negativo.
La transición se compone de dos fenómenos consecutivos en el tiempo:
El primero arrancó a principios del siglo XX y consistiría en la reducción sostenida de las tasas de mortalidad (sobre todo infantil) como resultado de las mejoras propiciadas por la Revolución Industrial en las condiciones de vida de la población (higiene pública, mejor alimentación, etc.). Durante esta primera fase de la transición, los individuos aún no habrían adaptado sus pautas reproductivas a este nuevo contexto de menor mortalidad y, acostumbrados a tener que procrear masivamente para garantizar su descendencia, la baja mortalidad alcanzada coexistiría con una elevada natalidad. El resultado de la interacción de estas dos variables habría sido una población en aumento y muy rejuvenecida.
Con el paso de los años, los individuos habrían acabado adaptándose al nuevo marco de menor mortalidad, iniciándose así el segundo de los fenómenos de dicha teoría, un descenso gradual de la natalidad. Asimismo, la disminución en la tasa de mortalidad habría continuado produciéndose, de nuevo como resultado del efecto acumulativo de las mejores condiciones de vida y también de los importantes avances sanitarios.
Modelo de la transición demográfica
Al final del proceso, la población habría llegado a un nuevo equilibrio en el que coexistirían bajos niveles de mortalidad como de fecundidad. Este nuevo equilibrio trae consigo una estructura por edades más envejecida y, de hecho, es este nuevo régimen demográfico el que caracteriza a todos los países desarrollados en nuestros días. De ahí procede la inversión de la tendencia demográfica, como se puede observar en el siguiente cuadro, en el que el número de personas entre 0-14 años va en descenso y aumenta la población de 65 y más años:
Inversión de la tendencia demográfica, 1900-2050
Fuente: INE: INEBASE: Censo de población, 1900 hasta 2001. INE, 2004.
INE: INEBASE: Proyecciones de la población de España calculadas a partir del Censo Población de 2001. INE, 2004.
LA TEORÍA DE LA TRANSICIÓN DEMOGRÁFICA DEFINE UNAS ETAPAS POR LAS QUE LAS POBLACIONES HAN DE PASAR DESDE EL MODELO DEMOGRÁFICO TRADICIONAL AL ACTUAL
En el periodo comprendido entre los años 1900 y 1998 la población española se duplica, pasando de 18,6 millones de habitantes en 1900 a 39,5 en 1998, lo que representa un crecimiento medio anual acumulativo del 0,77%. Por otra parte, la tasa bruta de mortalidad durante el mismo periodo descendió desde un 2,83% en el año 1900 hasta un 0,92% en 1998.
Pirámide de población española. Año 1900
Fuente: Censo de 1900.
Pirámide de población española. Año 1940
Fuente: Censo de 1940.
Pirámide de población española. Año 1998
Fuente: Tablas de mortalidad de la población de España. Años 1998-1999.
La pirámide de población española en 1900 muestra la forma triangular típica de una población joven en expansión. En 1940, la pirámide de población empieza a modificarse, consecuencia del impacto de la Guerra Civil española, en la que la natalidad se vio retraída. En 1998 se da una profunda regresión de la natalidad, con el consiguiente envejecimiento de la población.
Por lo que concierne a las pirámides de población en España a lo largo del siglo XXI, cabría decir que se observa una base reducida, reflejando índices de natalidad y mortalidad muy bajos y, a veces, estos últimos superiores a los de natalidad, lo que supone un crecimiento nulo o regresivo. Nos encontramos en el año 2004 ante una población envejecida, con baja proporción de jóvenes e incremento de la población anciana, cuya pirámide de población tiene una estructura en forma de panal, síntoma de lo recientemente comentado.
LA POBLACIÓN ESPAÑOLA SE DUPLICÓ DESDE 1900 HASTA 1998, AL PASAR DE 18,6 A 39,5 MILLONES DE HABITANTES
Las previsiones para el año 2050 señalan cómo la población evoluciona a una pirámide con forma de «T». Esta pirámide se caracteriza por el estrechamiento en la base, consecuencia de la baja natalidad, y por tener una cima muy amplia. Es decir, la proporción de personas mayores de 65 años gana peso sobre el total de la población. Esto es debido a una disminución drástica de la mortalidad.
LA PIRÁMIDE POBLACIONAL EN ESPAÑA PARA EL AÑO 2004 PRESENTA UNA ESTRUCTURA EN FORMA DE PANAL, LO QUE ES SINÓNIMO DE UNA POBLACIÓN ENVEJECIDA
Pirámide de población en España
Año 2004
Fuente: ICEA – Elaboración a partir de datos y proyecciones del INE.
Año 2025
Fuente: ICEA – Elaboración a partir de datos y proyecciones del INE.
Año 2050
Fuente: ICEA – Elaboración a partir de datos y proyecciones del INE.
Las pirámides anteriores hacen referencia a la evolución de la población española a lo largo del siglo XXI. Para el conjunto del mundo, se están realizando estimaciones de que la población se incrementará un 50% de aquí al año 2050, teniendo en África, Asia y Latinoamérica los principales focos. Diferentes actores sociales alertan de esta situación y de los posibles efectos.
Al tiempo que la población mundial crecerá, la población española vivirá un proceso de envejecimiento. En un principio no tiene por qué ser un problema a priori, puesto que las mejoras en la medicina y los medicamentos permitirán una mejor calidad de vida, pero sin embargo no podemos obviar algunos efectos:
CON EL ENVEJECIMIENTO DE LA POBLACIÓN, SURGE UNA NECESIDAD CRECIENTE DE TRABAJADORES PARA CUIDADOS DE LARGA DURACIÓN QUE SE CONVERTIRÁ EN UNA FUENTE DE EMPLEO
EN LOS PAÍSES DE LA OCDE, LA PROPORCIÓN DE LA POBLACIÓN CON MÁS DE 80 AÑOS DE EDAD SE TRIPLICARÁ HASTA 2050, PASANDO DEL 4% DE LA POBLACIÓN AL 11-12%
Los sistemas privados de ahorro tendrán un desarrollo importante para suplir las carencias que se prevé que tengan los sistemas públicos. Por tanto, los patrones de comportamiento actuales de consumo y ahorro tendrán que ser revisados de forma individual y colectiva. Si hay que ahorrar más, se consumirá menos. O también puede realizarse un incremento de la productividad que permita un incremento importante de los salarios.
SE HA ABIERTO UN DEBATE SOCIAL SOBRE LA VIABILIDAD DEL MODELO DEL ESTADO DEL BIENESTAR, QUE, ENFRENTADO A LA PIRÁMIDE DE POBLACIÓN, PARECE INSOSTENIBLE
UN CAMBIO NOTABLE DEL FACTOR DE PRODUCCIÓN «TRABAJO», ANALIZADO DESDE LA VARIABLE «EDAD», PUEDE AFECTAR A LOS ASPECTOS QUE EQUILIBRAN EL CONTRATO ENTRE EMPLEADO Y EMPLEADOR
Ante este escenario surgen diversos interrogantes:
El concepto de riesgo sistémico se asocia con un riesgo para todo el mercado, en el que ninguno de los agentes puede erradicarlo de forma directa. Las tormentas financieras de los últimos años han dado publicidad a este concepto, en lo que afecta a los mercados financieros. Se acepta el concepto de que este riesgo puede originarse en variables externas a los modelos en estudio.
En lo que afecta a las empresas y organismos, de igual forma que una grave crisis financiera puede alterar, e incluso hacer desaparecer a una empresa o institución, un cambio notable del factor de producción «trabajo», analizado desde la variable «edad», entendemos que puede afectar a los aspectos que actualmente equilibran el contrato entre empleador y empleado.
En el informe Global Risks 2010 del World Economic Forum se agrupan los riesgos mundiales en cinco grupos principales:
Hasta 35 conceptos aparecen enumerados y supervisados como riesgos mundiales. Los riesgos sociales se enfocan hacia la salud y los efectos que sobre ella tienen las enfermedades, entendiendo que su erradicación reduciría este riesgo y permitiría incrementar la esperanza de vida.
Pero lo que no parece contemplado es el envejecimiento de la población como un riesgo. ¿Será posible su autoajuste solamente a través de los movimientos migratorios?
En la situación de crisis actual, abordar un problema cuyo escenario es dentro de 40 años puede parecer un derroche de recursos en épocas de escasez. Pero hace 40 años hubo otros problemas que parecían lejanos en el tiempo y ahora ocupan los titulares en los medios: la escasez del petróleo y los problemas de contaminación. ¿Podía haberse actuado previamente ante los efectos previstos?
En la línea de investigación del envejecimiento de la población, surgen de inmediato riesgos a los que pueden verse afectadas empresas y organismos:
La doctrina de ERM invita a la gestión de los riesgos que pueden afectar a la empresa. La metodología de Gerencia de Riesgos puede iniciar un proceso de toma de conciencia ante el problema. Esto no supone una revolución en los procesos, pero sí un primer paso para conocer la estructura actual de los recursos humanos y su evolución previsible. Más adelante habría que analizar en detalle los diferentes conceptos que caracterizan a cada grupo y la forma en que afectarán a cada empresa u organismo.
La Gerencia de Riesgos parte de un esquema secuencial para la identificación, evaluación, control y reducción de los riesgos. La dirección de la entidad dispondría de un nuevo concepto en su programa de Gerencia de Riesgos, que afectaría a toda la empresa en su conjunto, y a determinadas áreas en concreto, en función de la edad media por sección. Se puede plantear también la transferencia del riesgo a través de la subcontratación del personal, lo que requiere un análisis adicional.
A corto plazo, el riesgo por envejecimiento de la población tiene una probabilidad de suceso muy reducida, pero, a medida que vayan transcurriendo los años, esta probabilidad irá creciendo. Respecto a la severidad, la gravedad con que afectará dependerá de la concentración de trabajadores de una misma franja de edad en un determinado departamento o en el conjunto de la empresa, lo que debe motivar la gestión de los recursos humanos con la aportación que realice la metodología de Gerencia de Riesgos.
A partir de esta primera etapa en la gestión del riesgo de envejecimiento, las propuestas para comenzar a reducir los riesgos pueden comenzar por:
LA METODOLOGÍA DE LA GERENCIA DE RIESGOS PUEDE INICIAR UN PROCESO DE TOMA DE CONCIENCIA ANTE EL PROBLEMA DEL ENVEJECIMIENTO POBLACIONAL
EL RIESGO POR ENVEJECIMIENTO DE LA POBLACIÓN TIENE A CORTO PLAZO UNA PROBABILIDAD DE OCURRENCIA MUY REDUCIDA, PERO AUMENTARÁ CON EL TRANSCURSO DE LOS AÑOS
Éstos son algunos de los ejemplos sobre los que comenzar a trabajar. Entendemos que la heterogeneidad de empresas, organismos y actividades existente debe invitar a realizar un estudio detallado, ya que las medidas generalistas pueden aportar poco o nada en algunos casos, e incluso distorsionar los resultados.
Tras esta descripción, se observa que el alcance y las implicaciones del envejecimiento de la población pueden tener muchos y muy complejos riesgos que afectarían al sistema en su conjunto. Por tanto, ¿podemos decir que el envejecimiento de la población constituye un riesgo sistémico? Y si es así, ¿estamos preparados para ello?.
EL ENVEJECIMIENTO DE LA POBLACIÓN PUEDE ACARREAR MUCHOS Y MUY COMPLICADOS RIESGOS QUE AFECTARÍAN AL SISTEMA LABORAL EN SU CONJUNTO
World Economic Forum (2010): Global Risks 2010 report