El 27 de marzo de 2007 se
cumplieron 30 años de la
colisión de dos Boeing 747 en el
aeropuerto Los Rodeos de Tenerife,
en la que murieron 583 personas. Es el accidente aéreo con mayor
número de víctimas mortales en la
historia de la aviación civil.
Los dos aviones siniestrados fueron desviados desde el aeropuerto de Gran Canaria, que hubo de cerrarse por una amenaza de bomba y se hallaban a la espera de poder volar a su destino, situado a 25 minutos de distancia.
Ambos vuelos, el KLM 4805, un chárter de las líneas aéreas holandesas que volaba desde el aeropuerto de Schiphol en Ámsterdam, y el Pan Am 1736, vuelo regular de la desaparecida compañía Pan American que volaba desde el aeropuerto internacional John F. Kennedy de Nueva York, procedente de Los Ángeles, tenían como destino el aeropuerto de Gran Canaria.
Las condiciones atmosféricas adversas y la intensa niebla no permitieron la visibilidad de los pilotos de los dos aviones que colisionaron. El avión de KLM estaba ya en el aire cuando, con su panza, impactó a unos 250 km/h contra la parte superior del fuselaje del otro Boeing.A consecuencia de ello, la mayoría de los pasajeros de la parte trasera del avión de Pan Am murieron de forma instantánea.
Las condiciones atmosféricas reinantes en la zona también impidieron que el personal de la torre de control pudiera observar el accidente; tan sólo oyeron una explosión seguida de otra, sin que pudieran determinar las causas ni la localización de las mismas. Incluso los servicios de emergencia tardaron más de quince minutos en descubrir que había dos aviones implicados.
Este trágico accidente supuso un antes y un después en las normas de seguridad de los aeropuertos del mundo. Como consecuencia del siniestro se produjeron una serie de cambios en la regulación de la navegación aérea civil. Desde entonces, todas las torres de control y pilotos deben usar frases estándar en inglés, concisas e inequívocas; se mejoraron los sistemas de comunicación entre las cabinas de los aviones y las torres de control; se comenzaron a instalar en los aviones métodos de navegación automáticos para la niebla y se cambiaron los procedimientos de cabina, otorgándose un mayor énfasis a la toma de decisiones conjuntas entre miembros de la tripulación.
Aparte de estas conclusiones hubo otras no consensuadas por las partes, además de una serie de especulaciones sobre las causas y los culpables del fatal accidente. También contribuyó al desastre el hecho de que el aeropuerto tinerfeño careciera en ese momento de radar de tierra, dispositivo que permite seguir la posición de las aeronaves mientras ruedan por la pista. En cualquier caso, el siniestro fue al final una suma de circunstancias aisladas que habían comenzado a acumularse debido a la amenaza de bomba que obligó a suspender aquella mañana el tráfico aéreo en el aeropuerto de Gran Canaria.
Este año, con motivo del trágico aniversario del desastre, se ha inaugurado un monumento conmemorativo internacional promovido por la fundación de familiares de las víctimas del accidente aéreo.