Los desastres naturales han coexistido
con la humanidad a lo largo de la historia,
pero las ultimas decadas han sido testigo
de la importancia que han adquirido estos
fenomenos debido al extraordinario incremento de
los danos causados por ellos.
ANTONIO SALGADO GOROSTIZAGA
División de Riesgos Globales MAPFRE EMPRESAS
La mayor parte de este incremento se debe a cambios económicos, demográficos y geográficos, tales como el considerable aumento de los valores en riesgo, el incremento de la actividad aseguradora, la mayor concentración de valor en las regiones expuestas (zonas costeras, por ejemplo) o el aumento de la densidad de población.
Pero existe otro factor de riesgo que se está manifestando cada vez con mayor intensidad como causa potencial de la frecuencia y gravedad de los desastres naturales: el cambio climático.
Como resultado de las recientes investigaciones existe un amplio consenso en la comunidad científica sobre el aumento de la temperatura de la Tierra y sobre el hecho de que el actual cambio climático, el llamado calentamiento global –al margen de las variaciones cíclicas propias del planeta–, tiene su origen en la elevada concentración de gases de efecto invernadero (GEI), como el dióxido de carbono y el gas metano, en las capas superiores de la atmósfera. Estos gases permiten el paso de la radiación de onda corta del Sol a través de la atmósfera, pero también absorben parte de la radiación de onda larga que se libera desde la superficie de la Tierra, y que queda atrapada en la atmósfera, manteniendo el planeta caliente y alterando su sistema climático.
HOY EN DÍA EXISTE UN AMPLIO CONSENSO CIENTÍFICO DE QUE EL CAMBIO CLIMÁTICO ES UNA REALIDAD Y QUE DARÁ LUGAR A CAMBIOS SIGNIFICATIVOS EN LOS FENÓMENOS METEOROLÓGICOS
Desde la Revolución Industrial, época en que la quema de combustibles de origen fósil aumentó extraordinariamente, la temperatura de la Tierra se ha ido incrementando de manera progresiva.
Los diez años más calientes desde que se tienen registros de temperaturas han tenido lugar desde 1990, y entre ellos el año que se alcanzaron las temperaturas más altas fue 2005. Hay pruebas de que las últimas décadas han sido más cálidas que en cualquier otro periodo comparable de los últimos 400 años. Las concentraciones de GEI se están elevando, y lo hacen a un ritmo superior al previsto. Este fenómeno está relacionado con el uso de combustibles fósiles y otras actividades humanas.
El resultado es que la temperatura de la Tierra está aumentando a una velocidad alarmante. La temperatura de la superficie del mar se ha elevado entre 0,2 y 0,6 grados Celsius en el siglo pasado, al tiempo que suben las temperaturas del aire.
Hoy en día existe un vasto consenso científico de que el cambio climático es una realidad y que va a dar lugar a cambios significativos en los fenómenos meteorológicos.
Lo que parece cierto, a la vista de todos los datos científicos de los que disponemos, es la existencia real del cambio climático, si bien existen dudas sobre la naturaleza exacta, el lugar y la intensidad de las manifestaciones de este cambio, ya que los fenómenos meteorológicos se ven influidos por una compleja red de factores interrelacionados.
En 2005 se alcanzaron máximos históricos en la cuantía de las indemnizaciones pagadas por las compañías de seguros: en total, 83.000 millones de dólares. Esta cifra es un 70% superior a la anterior cifra récord de 48.000 millones de dólares alcanzada en 2004. Nombres tan conocidos como «Katrina», «Rita», «Ivan» o «Wilma» fueron los responsables de este incremento.
Los daños causados por desastres naturales se han multiplicado en los últimos treinta años. Los diez huracanes que más daños han causado han tenido lugar en los últimos diez años, y siete de ellos en los dos últimos años.
La gravedad de las catástrofes causadas por fenómenos meteorológicos está fuera de toda duda.
Sin embargo, podría uno preguntarse hasta
qué punto esta acumulación de fenómenos climáticos
violentos, esencialmente, tormentas y huracanes,
es simplemente un episodio aislado o producto
de ciclos naturales o, por el contrario,
estamos ante una tendencia de progresivo empeoramiento
causada por el cambio climático.
La evidencia científica no ha aportado hasta el momento ninguna respuesta concluyente en este aspecto.
Por el momento no es posible demostrar con evidencia significativa que el aumento de la frecuencia y la intensidad de los huracanes en 2005 se deba específicamente al cambio climático. Sin embargo, los modelos climáticos indican ciertamente que algunos de los efectos del cambio climático, como la subida de las temperaturas y, por consiguiente, la evaporación del agua del mar, podrían favorecer la aparición de condiciones para la formación de tormentas tropicales y huracanes.
Es un hecho que en 2005 la superficie de las aguas del Caribe alcanzó niveles muy altos de temperatura, lo que coincidió con la más alta actividad registrada en la formación de tormentas tropicales en la región caribeña. Es más, siete de estas tormentas se transformaron en potentes huracanes, con las devastadoras consecuencias que todos recordamos.
Por tanto, aunque no podamos afirmarlo categóricamente, el incremento de la frecuencia de los diferentes desastres podría ser una consecuencia lógica del cambio climático.
Los aspectos más conocidos del cambio climático corresponden a las grandes catástrofes, pero el cambio climático puede dar lugar a otros fenómenos que, siendo menos extremos, pueden constituir una importante fuente de riesgo en las próximas décadas.
A través de la Agencia Europea de Medio Ambiente, la Unión Europea ha comenzado a evaluar y calcular la vulnerabilidad de los Estados miembros en este sentido.
LA AGENCIA EUROPEA DE MEDIO AMBIENTE HA CALCULADO QUE ESPAÑA TENDRÁ EN LAS PRÓXIMAS DÉCADAS AUMENTOS DE TEMPERATURA DE HASTA 4,5 GRADOS
Son tres los fenómenos que, sin duda, tienen una especial importancia:
En primer lugar, el incremento de las temperaturas. En las próximas décadas van a producirse subidas de la temperatura en diferentes partes de Europa, y España será una de las áreas más afectadas, con incrementos de hasta 4,5 grados Celsius.
Junto con los incrementos de temperatura, la Agencia Europea de Medio Ambiente ha determinado como el segundo de los cambios principales la reducción de la cantidad y calidad de los recursos hídricos. En el caso de la Península Ibérica, las pérdidas podrían llegar a alcanzar hasta el 50% en algunas cuencas hidrográficas.
Por último, la subida del nivel del mar debido al deshielo de los casquetes polares es el tercero de los riesgos principales identificados. Durante el siglo XX se registraron subidas de entre 0,8 y 3 milímetros al año y las predicciones apuntan a que el ritmo de elevación se multiplicará por dos y hasta por cuatro en las próximas décadas.
Estos efectos del cambio climático son un motivo de seria preocupación para el sector asegurador, en particular para el mercado de seguros del hogar y de accidentes debido a su repercusión en muchas actividades y en el funcionamiento del sistema socioeconómico.
Sin duda, serán las actividades agrarias las más afectadas por los cambios climáticos en las décadas próximas. En general, la contribución al producto nacional bruto de estas actividades en los Estados miembros de la Unión Europea es baja. Sin embargo, en países como España y otros del sur de Europa, con una mayor contribución a este capítulo, podría haber importantes repercusiones.
EN LAS PRÓXIMAS DÉCADAS, EL CAMBIO CLIMÁTICO AFECTARÁ SOBRE TODO A LA AGRICULTURA, PERO TAMBIÉN A ACTIVIDADES COMO EL TURISMO
La transformación de las condiciones climáticas puede hacer que algunas áreas sean proclives a la sequía y las olas de calor, provocando un empeoramiento del proceso de desertización, la pérdida de cosechas, la reducción de los recursos hidrológicos, daños a ecosistemas, la migración forzosa de grupos humanos y un aumento considerable del riesgo de incendios forestales.
La elevación del nivel del mar es otra de las consecuencias mejor conocidas y más preocupantes del cambio climático.
En Europa, las zonas costeras albergan un alto porcentaje de la población y de los ecosistemas que constituyen una importante fuente de alimentos. Dinamarca, el Reino Unido y los Países Bajos están especialmente expuestos a este riesgo.
La subida del nivel del mar, ya apreciable, hará estas zonas más vulnerables a fenómenos como inundaciones, erosión de costas e incremento del contenido salino de acuíferos y estuarios. Las consecuencias tienen serias implicaciones para la sostenibilidad de los recursos y la población humana que habita esas zonas.
La Agencia Europea de Medio Ambiente ha realizado cálculos que demuestran la gravedad de los daños asociados a estos cambios.
Para regiones como los Países Bajos, una
subida del nivel del mar de sólo un metro podría
obligar a reubicar a más de diez millones de
personas, casi el 70% de la población. Estas circunstancias
significarían también pérdidas de
aproximadamente 150.000 millones de euros,
cerca del 70% del producto nacional bruto.
Otros países, como Alemania y Polonia, podrían sufrir cuantiosas pérdidas materiales que afectarían seriamente al conjunto de la economía de la Unión.
La Agencia Europea no ha evaluado los efectos para España en este punto, pero sin haber llegado a hacer cálculos sobre movimientos forzosos de población o pérdidas materiales, es fácil imaginar hasta qué punto la situación podría representar un desastre para nuestro país.
Una parte significativa de la riqueza de España (hasta el 12%) se basa en actividades relacionadas con su costa: el turismo.
Si pensamos que una subida de sólo un centímetro en el nivel del mar representa la pérdida de un metro lineal de playa, puede comprenderse con facilidad hasta qué punto la elevación del nivel del mar constituye un riesgo importante para nuestro país.
El sector sufrió el enorme impacto de las grandes pérdidas sufridas como resultado de las temporadas de huracanes de 2004 y 2005. Lo más preocupante es que estas pérdidas parecen formar parte de una tendencia global de progresivo aumento de los desastres causados por fenómenos meteorológicos y de las indemnizaciones consiguientes. No sólo ha golpeado a Estados Unidos; también Japón tuvo en 2004 una estación de tifones catastrófica y las tormentas intensas e inundaciones se están dando con mayor frecuencia en Europa.
De acuerdo con el Riesgo financiero del cambio climático, informe elaborado por la Asociación de Aseguradores Británicos (ABI), cada año, desde 1990 se han producido al menos veinte fenómenos en todo el mundo que las compañías de seguros podrían clasificar como grandes catástrofes naturales por su gravedad. En los veinte años anteriores a 1990, sólo hubo tres que experimentaron más de veinte fenómenos de esa gravedad.
Los daños asegurados sufridos en los veinte años anteriores a 1990 ascendieron a una media de 3.000 millones de dólares al año, frente a los 16.000 millones de dólares anuales registrados entre 1990 y 2004.
Muchos científicos están convencidos de que la imprevisibilidad cada vez mayor del clima es el resultado del calentamiento global. En el sector de los seguros están llegando a la misma conclusión. No es sólo la creciente frecuencia de los fenómenos lo que preocupa a los aseguradores, sino también la velocidad a la que aumenta esta frecuencia.
EL SECTOR DE LOS SEGUROS COINCIDE CON EL CIENTÍFICO EN QUE EL CLIMA CADA VEZ MÁS IMPREVISIBLE ES CONSECUENCIA DIRECTA DEL CALENTAMIENTO GLOBAL
Un informe de la Asociación de Inversores del Área Medioambiental de Estados Unidos (CERES) titulado The Availability and Affordability of Insurance Under Climate Change ha revelado que los daños asegurados relacionados con la meteorología están creciendo en Estados Unidos a un ritmo diez veces superior al de las primas de los seguros y de la economía en general.
En teoría, la mayor variabilidad del clima debería suponer más oportunidades de negocio para las compañías de seguros y reaseguro. En este sentido, los principales reaseguradores afirman mantener una tasa anual de crecimiento de primas superior al 9%.Visto así, el cambio climático es una oportunidad para el mercado tradicional de seguros de daños catastróficos. Pero si, tal como indica el informe de CERES, las primas no crecen al mismo ritmo que los daños, el sector se enfrenta a más pérdidas imprevistas, a un posible déficit de capital y a la amenaza de insolvencia.
Ahora que el sector asegurador ha comenzado a prestar una mayor atención al cambio climático, la cuestión es qué se puede hacer para evitar que se convierta en un problema.
MEJORAR LOS MODELOS DE RIESGO SERÁ ESENCIAL PARA EL ÉXITO DE LAS INICIATIVAS EMPRENDIDAS FRENTE AL CAMBIO CLIMÁTICO
Muchos creen que la clave para hacer frente al cambio climático es la inversión y la colaboración en la investigación científica, a fin de poder determinar con toda exactitud su impacto. En los últimos años, aseguradores y reaseguradores, como Swiss Re, Münchener Rück, la Asociación de Aseguradores Británicos (ABI), Allianz o Lloyd's, han publicado diversos informes sobre el fenómeno.
Mejorar los modelos de riesgo será esencial para el éxito de las iniciativas emprendidas frente al cambio climático. Muchos piensan que los modelos deben cambiar para reflejar las más recientes conclusiones científicas. El futuro va a ser diferente y los modelos ya no deberían basarse únicamente en patrones basados en el comportamiento del clima.Algunos de los principales diseñadores de modelos de riesgos ya han adaptado sus modelos, pero probablemente se requerirá una revisión constante.
Una mayor actividad investigadora y la
creación de modelos más exactos permitirá a aseguradores
y reaseguradores fijar precios más
ajustados para los riesgos y revisar sus condiciones
de cobertura.
Además de mejorar la labor de investigación y de creación de modelos, el sector debe colaborar con los gobiernos para que se haga todo lo posible y poder reducir los riesgos y mitigar los posibles daños. En este sentido, es probable que se necesite un mayor esfuerzo para que las estrategias regionales de planificación contemplen los riesgos del cambio climático, los planes de desarrollo e infraestructura sean flexibles y las actividades vulnerables se trasladen a lugares más seguros.
Asimismo, los aseguradores han de promover mejores códigos de edificación a medida que lleguen al mercado nuevas tecnologías y productos diseñados para mitigar daños potenciales.
Por poner un ejemplo, la Asociación de Aseguradores Británicos (ABI) ha presentado propuestas concretas al ejecutivo del Reino Unido para la gestión del riesgo de inundación, comprometiéndose a proporcionar cobertura si el gobierno pone en práctica planes para mejorar los medios de defensa y gestión contra las inundaciones.
Parece que ya se ha logrado un avance considerable.
La forma en que el sector asegurador aborde la cuestión del cambio climático es vital, esencial para la salud de la economía. Sin seguro no se puede dirigir un negocio. El problema de la asegurabilidad tiene consecuencias en toda la economía en general.