Los efectos del cambio climático,
que aparecían como una
posibilidad remota, han empezado a
ser contemplados por las compañías
aseguradoras y reaseguradoras
estadounidenses en el cálculo de su
exposición de riesgos y de la
determinación de sus precios. Las
compañías norteamericanas, a
diferencia de las europeas, excluían de
sus primas los efectos del cambio
climático pero, tras el paso de
«Katrina» y de «Rita», ciertas
aseguradoras decidieron revisar los
precios de sus pólizas, mientras que
otras optaron por no suscribir pólizas
nuevas para las viviendas que están
situadas en las costas o zonas de
riesgo, alegando que no podrían dar
cobertura en caso de ocurrencia de
una catástrofe natural.
El aumento en el número y en la intensidad de los huracanes, tormentas, inundaciones e incendios, así como su extensión a zonas geográficas donde hasta hace unos pocos años no se conocían, ha dado lugar a que las pérdidas sufridas por las aseguradoras hayan crecido diez veces más que las primas, forzando a muchas compañías aseguradoras a subir sus precios o a excluir esta cobertura.
Por otro lado, las asociaciones de consumidores acusan al sector asegurador de utilizar el cambio climático como argumento para subir las primas.
En 2005, las catástrofes naturales afectaron a más de 150 millones de personas, causaron 226.000 muertos, originaron un elevado número de reclamaciones (llegando a gestionarse hasta 3,3 millones de reclamaciones tras el paso de «Katrina», «Rita», «Wilma» y «Dennis»).Ante la previsión de que pueda producirse un mayor número de siniestros derivados del cambio climático, las compañías aseguradoras se están viendo forzadas a utilizar complejos sistemas de cálculo para modelizar lo que está ocurriendo actualmente con el clima.